jueves, 2 de julio de 2026

Antigua grandeza

 

 


Stephen Greenblatt se hizo famoso con El giro: cómo el descubrimiento del manuscrito de Lucrecio De rerum natura en el Renacimiento restituyó a la naturaleza los atributos que se habían proyectado en los dioses. Ahora vuelve otra vez al Renacimiento, El Renacimiento oscuro es el título del libro, para mostrar cómo alrededor de Isabel I de Inglaterra se construyó el Estado moderno. 

 


Cuando un tema me interesa lo completo con más lecturas y si es posible con series y películas. Hay mucho sobre este periodo inglés, sobre los Tudor y los Estuardo, producido por la industria audiovisual inglesa, pero no es fácil encontrar en streaming el material sobre un tema que estuvo de moda en el cambio de siglo y ha decaído. Acabo de ver Elizabeth I y Elizabeth I The Golden Age, que coinciden con los años y la temática del libro de Greenblatt. 

 

Me hacen reflexionar sobre cómo cambian las representaciones del pasado. Cómo representaron los renacentistas el mundo clásico y cómo nuestros contemporáneos representan el Renacimiento. Las películas son de 1998 y de 2007. Parecen hechas en otro siglo. Evidentemente es otro siglo, pero 1998 y 2007 ¡están a la vuelta de la esquina! La sociedad inglesa todavía no había asumido su decadencia, que el imperio hacía tiempo se había extinguido. Ahora tras el Brexit, sí son conscientes. Como el resto de los europeos estamos siendo conscientes de nuestra insignificancia. 

 

Ya no se pueden hacer películas como esas sin sentir una enorme vergüenza: hechas para que el espectador se identifique con un pasado que no le pertenece. La grandeza, la superioridad. Shekhar Kapur les daba a los ingleses un maná envenenado.

 


Cate Blanchett es una Isabel I magnífica, como uno imaginaba en otro tiempo que eran los reyes y las reinas, de una pieza: bella, inmarcesible, justa, inquebrantable. Pero ya no son así los reyes, ahora como mucho son piezas de museo o monigotes a los que lanzar pelotas de goma. Ahora el modelo para tratar a la realeza es The Great (2020), un espectáculo burlesco.

 

Isabel I funda las raíces de su estado sobre enemigos perfectamente definidos y caricaturizados: en el interior, María Tudor y después María Estuardo de Escocia, católicas y conspiradoras: las Marías habitan en antros oscuro como mazmorras, Elizabeth en espacios iluminados y suntuosos. En el exterior, el embajador español y su corte son tan morenos que parecen moros (primera película); en la segunda comparece Felipe II, los dedos enlazados en las cuentas de un rosario, de negro, con una comitiva de obispos y cardenales detrás, tartamudo, fofo, enfáticamente derrotado en el canal de la Mancha. 

 

Isabel I, firme, guapa e inteligente, tenía a su servicio el hombre que creó el servicio secreto del Estado moderno, Walsingham, cuyo aparato era la tortura sin contención ni límites. Una simple emoción ni siquiera expresada de la reina te llevaba a las mazmorras o al cadalso. Buena parte de la película es un muestrario de conspiraciones reales o supuestas que concluían en decapitaciones.

 

Walsingham utilizó el instinto oscuro de supervivencia que convierte a muchos hombres en malvados al servicio del Estado (la reina era el Estado). Dos ejemplos que expone Greenblatt: 

 

Un reptil llamado David Jones, que buscaba información sobre sacerdotes, se había librado de morir de hambre en las cárceles londinenses gracias a la caridad de una tal señora Cawkin. Jones informó al secretario de Walsingham en agosto de 1574. Escribió que la señora Cawkin era una «conocida papista» que, obviamente, debía ser procesada: «Os ruego que deseéis, mi señor, que pueda beneficiarme de lo que ella pierda por ley, aunque no sea más que la cadena que lleva puesta». En general, no era un oficio que atrajera a gente con una sensibilidad moral exquisita.

 

Una ley redactada durante el reinado de Enrique VIII, y renovada en términos aún más duros en tiempos de Eduardo, María e Isabel, exigía que toda persona identificada como vagabunda u ociosa fuera detenida y luego «atada desnuda al extremo de un carro y azotada con látigos [...] hasta ensangrentar su cuerpo».

 

En la plétora de su poder los ingleses eran fuertes y bellos, sus enemigos, feos y estúpidos. Ahora nos representamos el pasado en modo burlesco. Los ingleses están comprobando después del Brexit que quizá los estúpidos estaban entre ellos.

 

¿Qué es primero la representación o la percepción? ¿Cómo nos percibimos a nosotros mismos y cómo nos proyectamos en el pasado?

 


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