Hay películas de las que no esperas nada. Los críticos las han puesto bien, pero nada te incita a verlas. Eso me ha pasado con Marty Supreme, una con candidaturas a los Óscar de este año. El personaje (parece que tiene un referente en la vida real), típico de la mitología americana, fracasa una y otra vez hasta que tiene un momento de gloria. Paul Newman lo interpretó más de una vez. La referencia es El buscavidas (The Hustler, 1961): un jugador de billar va retando a los mejores y, por arrogante, recibe una paliza antes de triunfar definitivamente. Marty sigue un camino parecido. Es un jugador de tenis de mesa, quiere llegar a la cima pero no tiene dinero para acudir a los grandes campeonatos internacionales, se mete en problemas y arrastra una vida de fracasos, una especie de pícaro que usa a los demás para mantenerse a flote.
El buscavidas de Marty Supreme es Timothée Chalamet, el actor de moda. La película tiene momentos sórdidos y surrealistas; es de no creer la de cosas que le suceden al pobre Marty, que una y otra vez se meta en conflictos de los que sale malparado. La película se sigue con atención, pero no parece que al público europeo le entusiasme este tipo de personajes, al menos a mí no. Vista la película, entretenida eso sí, se olvida rápidamente. En perspectiva yo me quedo con el clasicismo de la película de Robert Rossen y Paul Newman frente al irritante ritmo de Josh Safdie en esta Marty Supreme.
A la jovencísima Maya, en la finlandesa El destino de Maya, le ocurre lo que al protagonista de la China El regreso de las golondrinas. La familia acuerda casarla con un hombre de otra familia, un pescador solitario que vive en una apartada isla. Cómo el Cao de El regreso de las golondrinas, junto a su marido, Maya ha de construir desde cero una forma de vida: una casa de madera, cuidar de una vaca, pescar en una zona donde el invierno es muy duro, tener hijos. Su contacto con la vida de ciudad es mínimo. Cuando llega la Gran Guerra Maya ha de habérselas con el infortunio. Se queda sola con sus hijos frente a una patrulla de invasores ingleses que ocupan la isla sonde vive.
El cine americano es urbano, salvo las pocas películas que remiten al salvaje oeste. Eso es Marty Supreme con casi todo lo que nos llega, cine urbano. En el extrarradio cinematográfico de Hollywood todavía late la nostalgia rural, en algunos casos como denuncia y en otros como en El destino de Maya como retroutopía. Para el espectador, una y otra, formas de entretenimiento. El thriller agitado, oscuro y angustiado, frente la calma interior reflejada en anchas panorámicas y paisajes blancoazulados.
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