Uno espera que como gran ciudad Shangai te reciba como una brasa luminosa en medio de la noche. Pero no es así, es verdad que es tarde, cerca de la una de la noche cuando llegamos al aeropuerto desde Zhangjiajie: los rascacielos están apagados, las calles mudas y el tráfico reducido al silencio de los motores electricos.
Con cerca de 30 millones, la ciudad no se puede considerar como un conjunto uniforme, sino como llamaradas o pequeñas ciudades dentro de la gran aglomeración.
Así, Zhujiajiao, que visitamos a la mañana siguiente, en los aledaños de Shanghai, una ciudad comercial que surgió de los ramales del delta del Yangtsé hasta convertirse en una ciudad de canales, que fue tomando la forma de la Venecia Europea, aunque Zhujiajiao ya existía hace 1700 años. La multitud se agolpa en los márgenes de los canales, en las calles y edificios de las dinastías Ming y Qing, entre tiendas y restaurantes con una amplísima oferta a la vista, buscando con sus cámaras los reflejos ondulantes en la superficie del agua. La ciudad está llena de puentecillos, incluso uno que se asemeja al de Rialto.
Hasta nos damos el lujo de montar en una barca como si fuera góndola, atentos a las casas de madera oscura, el olor de las especias y los vendedores, como si, nuevos colonos, volviésemos a la China premoderna, a 40 km de la futurista Shanghai.
Destellos al atardecer en los rascacielos de cristal y acero, como molinos gigantes sin aspas, a la espera de que un caballero con oscura espada laser abata su inmerecida soberbia, torres gigantes, diferentes unas de otras, que parecen muertas, sin vida dentro, quizá porque se haya acabado la jornada laboral o porque hoy es sábado.
Mortecino el feo y soso mercado de imitaciones, curiosamente sin multitudes - españoles e indios en su mayoría - atraídas por el supuesto bajo precio de sus artículos falsos, quizá los habitantes genuinos de esta ciudad sea gente que no quiere lo falso.
Llamaradas, esas sí, ya de noche, las que desprenden las altas torres sobre el espejeante Río Huangpu, afluente del Yangtsé, el mayor espectáculo de color que uno pueda imaginar entre las 6 y las 10 de la noche, porque después se apaga todo.
Si ya nos parece enorme el río Huangpu, al llegar a su desembocadura, el río Yangtsé se ensancha tanto que alcanza distancias de lado a lado que superan de los 10 a los 30 kilómetros en su estuario antes de unirse al Mar de China Oriental.
El brillo del lujo de las tiendas exclusivas en el pequeño barrio francés, tiendas que no se encuentran en otro sitio, Marvis, por ejemplo, una marca italiana de solo crema de dientes, para dar valor al exclusivo acto de comprar. En esta pequeña ciudad dentro de la gran ciudad, los chicos y chicas ya no se disfrazan con las retromodas dinásticas del pasado, sino que se visten de ricos, con bolsas que declaran en el estampado lateral que el solo nombre de la marca basta para mostrar que se lo pueden permitir.
Llamaradas de Shanghai que ha recogido el cine en el Skyfall del agente 007, en la arquitectura futurista de Her, en el vértigo de Misión Imposible, en el Bund colonial de El imperio del sol.









No hay comentarios:
Publicar un comentario