lunes, 30 de marzo de 2026

Black Dog

 


 Hay una China tecnológica que nos deslumbra, que, como el gran dragón, parece que va a desgarrar el mundo hasta convertirnos en sus esclavos, pero hay otra China la que sufre las consecuencias. En el cine hay apologistas que edulcoran el modelo chino, pero también hay los que nos muestran el lado más oscuro. Destacó tres películas. El regreso de las golondrinas, que ya he comentado, refleja con poesía la distancia entre el mundo rural que se pierde y las ciudades tecnológicas. 


Comento las otras dos. Guan Hu y Jia Zhangke han sido para mí un descubrimiento. El primero con un lirismo negro, el segundo con un realismo trágico.


¿Cómo es China lejos de las erectas ciudades del Pacífico? Guan Hu planta su cámara como si extendiese largos pinceles para dibujar un gran lienzo sobre la otra China. Junto al desierto de Gobi hay una ciudad que se desmorona, de la que todo el mundo huye, incluso los perros, cuando faltan unas horas para que comiencen los juegos Olímpicos de Pekín, cuya tecnología deslumbrará al mundo. 

 

Lang, un hombre joven al que le cuesta pronunciar una sola palabra, llega a su ciudad tras haber cumplido condena por un homicidio. Los edificios se caen a cachos, las calles solitarias, la atmósfera contaminada, los interiores degradados, viejos, con acúmulos de cosas inservibles, como los hombres que juegan a juegos de mesa o trastean con cosas inservibles. Parece que  ya solo quede un único oficio, atrapar a los miles de perros abandonados por la gente que ha huido de la ciudad. Miles de perros en el desierto cercano y perros que se esconden entre las ruinas, tras el abandono de la ciudad condenada. 

 

Como ocurría en El regreso de las golondrinas, de Li Ruijun, una película que tiene mucho que ver con esta, por los altavoces se urge a que la gente se vaya y cobre por dejar sus casas. Las excavadoras ya están haciendo su labor. Pero si en la primera había una cierta poesía, la de la dignidad del hombre que pelea hasta el final, con la fe de quién cree que la vida es lucha de la que al final se obtendrá recompensa, en Black Dog solo hay desesperanza y fatalidad. 

 

Lang es un hombre corroído por dentro, con una furia interior que no sabe adónde dirigir. Un perro, puede que rabioso, le ha atacado. Lleno de heridas se enfrenta a un mundo hostil. Al final, inesperadamente, el hombre se amista con el perro y lo prefiere de pareja antes que a una mujer. Un cielo lóbrego ilumina paisajes oxidados, unos pocos hombres habitan la ciudad del fin del mundo. Lang ha convertido su motocicleta en un sidecar para llevar en él al perro negro, lejos, no se sabe dónde.




En A Touch of Sin (Un toque de violencia), Jia Zhangke, a quién se considera el director más creativo de la China actual narra cuatro historias que toma de la realidad para mostrar la corrupción, el desarraigo, la alienación, el acoso y la violencia en cuatro provincias diferentes, frente a la propaganda del rápido crecimiento económico y la modernización. Una película cruda, desesperanzada.



 


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