lunes, 23 de febrero de 2026

Ensayos





             No hay nada que envejezca tanto y tan pronto como los libros de ensayos. Todos los metros de estantería dedicados en los setenta y ochenta al estructuralismo, la semiótica y el posmodernismo, en paralelo a los metros ocupados por la escolástica marxista, han pasado a mejor vida, no sé si queda algo rescatable. Su fin ya no es la hoguera sino nueva pasta de papel para más ensayos listos para ser de nuevo reciclados. Es lo que sucede ahora con los tratados dedicados a la tecnología y a las nuevas visiones del hombre sobrepasado por la inteligencia artificial, no duran más allá de unos meses. El tiempo de su producción, equiparable a la ley de Moore, es igual al de su obsolescencia. El problema en todos estos casos es el vano intento de convertir los estudios humanísticos en ciencias comparables a las ciencias físicas. Sólo han perdurado los ensayos sin pretensiones científicas, aquellos que han acompasado el pensamiento al lento deambular del hombre sobre la tierra, consciente de sus limites: los clásicos griegos y romanos, Montaigne, algunos renacentistas e ilustrados y unos pocos sabios del presente. ¿Cómo pudimos, cómo pude, coleccionar -sin leer - los gruesos volúmenes en tapa dura, de las obras completas de Lenin y Mao?

             El trágico fin de la vida de alguno de los autores de los ochenta, Althusser, Foucault, es comparable a la consunción de su pensamiento. Quemaron sus vidas como ardía su pensamiento, para rescatarlo habría que crear una rama de la arqueología que estudiase las cenizas. Cabe preguntarse, aparte de las modas del pensamiento prêt-à-porter, si todo o casi todo lo escrito en ramas enteras de la literatura académica -psicología, sociología, economía – no ha sido en vano, un derroche de inteligencia convertido en humo.

No hay comentarios: