En el primer capítulo del Quijote, el hidalgo manchego fantasea con futuras hazañas, mencionando a Trebisonda como el lugar que el mundo asociará a su gloria a imitación de los amadises y esplandianes de los libros de caballerías.
«Imaginá[ba]se el pobre ya coronado por el valor su brazo, por lo menos del imperio de Trebisonda».
De esta ciudad derivó 'trapisonda' como sinónimo de bulla y ruido.
Pues aquí estamos, a orillas del Mar Negro, rodeados de montañas, una ciudad del tamaño de Valencia. La ciudad fue núcleo importante en la ruta de la seda, fundada por griegos de Mileto. Por aquí pasaron romanos, bizantinos y otomanos y la saquearon los godos. Jenofonte con sus Diez Mil se retiraba de Persia, Marco Polo regresaba de China. El momento de gloria de Trebisonda llegó cuando se hizo imperio, bajo la dinastía de los bizantinos Comnenos (1202 y 1461). A ese momento se remiten la imaginación caballerescas y Cervantes. Poco después sería conquistada por el sultán otomano Mehmed II.
Entonces se convirtió en Trabzon, más musulmana que cristiana, pero conservando su diversidad étnica y religiosa hasta principios del siglo XX, cuando el nacionalismo de los jóvenes turcos provocó dos genocidios: el de los griegos pónticos y el de los armenios. Erradicaron el cristianismo oriental, mayoritario hasta entonces. Ahora sigue siendo un puerto importante, centro de comercio de Oriente Medio.
Me recuerda Antonio, nuestro navegante cantabro, la famosa crónica de viaje Embajada a Tamorlán, que en su travesía hacia Samarcanda como embajador del rey Enrique III de Castilla, el diplomático castellano Ruy González de Clavijo llegó a Trabisonda el 11 de abril de 1404. Deformada como Trabis o Trapesunda, la describió de esta manera:
«Esta cibdad de Trebisonda está asentada cerca de la mar, e sus cimientos son en unas peñas altas, e por la una parte tiene un barranco hondo e peñasco que va a la mar, e la cibdad está cercada de muro bien fuerte, e tiene por la otra parte otro barranco por do va un arroyo, e tiene otro muro bien alto que va por encima de las peñas, e por entre estos dos barrancos está asentada la cibdad, e va a dar a la mar, e cerca del agua de la mar en lo más bajo está un castillo con sus cavas e barreras.»
La joya artística de esta ciudad, testigo de su antigua gloria, es la iglesia ortodoxa, hoy mezquita, de Santa Sofía. Según Clavijo:
«Esta cibdad es muy luenga e no muy ancha, e los muros de ella son de piedra de sillarejo de obra antigua, e tiene muy hermosas torres e cuadradas... E dentro de la cibdad ay muchas e hermosas iglesias, e la mayor de ellas es la iglesia de Santa María la Mayor...».
En Trabzon nació Solimán el Magnífico, el más famoso de todos los sultanes. Hoy Trabzon es conocida por sus aguerridos hinchas del equipo de fútbol local y por sus avellanas.
Uğur, el guía turco, nos cuenta historias sobre la región de Trabisonda. El carácter, la fisonomía, el cabello y los ojos, las costumbres, la comida, incluso la manera de decir el idioma, difícil de entender para los propios turcos, todo sería de origen griego, porque esto fue bizantino ortodoxo durante siglos. No nos cuenta un dato importante, durante el periodo más radical del nacionalismo turco, además del exterminio armenio hubo otro, el griego póntico. Según Uğur, Ataturk les compró las propiedades y les indemnizó pero no fue exactamente así.















