viernes, 26 de junio de 2026

Sentir vergüenza

 

 


Pongámonos en Trump presidente (cuánto me cuesta anteponer el cargo y el honor del cargo delante de este individuo). Pongámonos mejor en Trump expresidente, cuando lo sea. Habrá perdido las prerrogativas del cargo, aunque no todas. Tendrá un grave problema porque hay varias causas pendientes contra él. Las de la primera presidencia y las de la segunda presidencia. Entre ellas el asalto al Congreso. Ahora, la de información privilegiada, para él y su familia (sus hijos, su yerno, no se sabe si Melania se ha aprovechado de información privilegiada, el staff que lo rodea), para aumentar el valor de sus acciones comprando y vendiendo cuando sabía o sabían lo que había de ocurrir. Además, se ha metido en una guerra que no podía ganar, que se puede decir que ha perdido, sin autorización del Congreso. El proceso será largo, pero probablemente será condenado, si no se muere antes o le afecta la demencia.

 

Cualquiera que haya seguido su trayectoria política se sorprende que un hombre con un discurso tan desarticulado, con una sintaxis tan simple en su expresión, con desprecio e insulto a sus rivales, también a sus aliados, haya llegado tan lejos.

 

Si amas a Estados Unidos, ahora es el momento de avergonzarte por él, dice el analista Bret Stephens en el New York Times.

 

El sentir vergüenza ajena no es simplemente un reflejo físico derivado de la incomodidad o el asco. También implica una mezcla de compasión y empatía. Sientes vergüenza ajena cuando el hijo de alguien se equivoca al recitar su papel en una obra del colegio. Sientes vergüenza ajena por un cónyuge que intenta calmar a su pareja, que está muy borracha y se muestra agresiva, en una cena con amigos. Sientes vergüenza ajena cuando te sientes implicado, aunque solo sea como ser humano, cada vez que alguien humilla a quienes le rodean, incluso cuando ellos son los últimos en darse cuenta. Así es como me sentí por Jill Biden la noche de la debacle de su marido en el debate.

 

Vivir como estadounidense consciente en la era de Trump es vivir en una vergüenza constante: moral, estética, intelectual y política. Si el Gobierno fuera el guion de una obra de teatro o de una película, no sería ni una farsa ni una tragedia, sino más bien una especie de parodia absurda, una mezcla de «Esperando a Godot», «Pulp Fiction» y «Dos tontos muy tontos».

 

La sorpresa principal no viene, sin embargo, de la personalidad de Trump, el mundo de la política está lleno de individuos semejantes, sino de sus votantes. ¿Qué dice de nosotros? Un montón de preguntas que hacer sobre este fenómeno. ¿Se debe a la mala educación? ¿Los votantes estamos tan ideologizados que somos ciegos a cualquier información? ¿O estamos tan sumidos en nuestros asuntos que nos importa un bledo la política? La calidad del sistema educativo, la profesionalidad de los periodistas, la transmisión de valores en la familia, en la escuela, en los medios sociales. Un 33%, dice una información, seguirían votándolo a pesar de todo. Trump dijo en una ocasión que si asesinara a alguien en la quinta avenida aún le seguirían votando.

 

Mutatis mutandis, ya tú sabes.

 


miércoles, 24 de junio de 2026

Un complete unknown (Dylan)

 


Cansado de empezar películas y series que dejo a la media hora o a los 10 minutos, buceo en el gran almacén audiovisual para buscar una película que adivino me gustará. Y efectivamente desde la primera secuencia sé que la película de James Mangold, de 2024, A Complete Unknown, me va a gustar.

 

A Complete Unknown es una suma de canciones de la primera etapa de Bob Dylan, de 1961 a 1965. Recorre sus primeros años, la etapa folk, hasta desembocar en el rock, en el tormentoso paso del joven cantante por el festival folk de Newport de 1965. Para dar consistencia a la narración, la película la encierra en un arco narrativo, desde que conoce al pope del folk en un hospital de Nueva York, Woody Guthrie, hasta que 'afrenta' con su guitarra eléctrica al mundo acústico del festival, a sus escandalizados promotores, entre ellos a quien lo había gentilmente apadrinado, Pete Seeger.

 

Cada canción es un disfrute, el director maneja las escenas con primorosa mano clásica, intercalando la vida sentimental de Dylan con la agitada vida política americana (Vietnam, los misiles en Cuba, el asesinato de Kennedy). Como en una enciclopedia del folk, van apareciendo los grandes cantantes, interpretados por reconocidos actores: Timothée Chalamet como Bob Dylan, Monica Barbaro como Joan Baez, Edward Norton como Pete Seeger, y tantos más: Woody Guthrie, Johnny Cash...

 

Lo más sorprendente, que cuesta creer, es la decisión que tomó James Mangold de hacer que sus actores aprendiesen música y cantasen ellos mismos las canciones para dar el mayor realismo a las escenas. No se usa la voz propia de Dylan ni pistas pregrabadas, lo que se escucha se grabó en los escenarios donde se filmaban con la intención de transmitir la veracidad de los conciertos en directo de la época.

 

Cuando un desencantado Woody Guthrie despide con un mal gesto, desde el hospital de New Jersey, al ya famoso Bob Dylan - 1965, 24 años - este se lanza con su moto hacia las varias vidas que le quedan por delante, las que el espectador entregado querría ver reflejadas en una nueva película.

 

Walk the line. (En la cuerda floja. 2005)

 


No me ha gustado de igual manera la película que James Mangold dedicó a otro cantante, Johnny Cash, aunque tenga muy buenas críticas. Walk the line. No parece acertada, en este caso, la decisión de que los actores - Joaquín Phoenix y Reese Witherspoon – tocasen y cantasen sustituyendo a los protagonistas de la historia, Johnny Cash y June Carter. 

 

Más que un musical es un drama en torno a la complicada y apasionante historia amorosa de ambos cantantes. Me hubiese gustado escuchar las voces y música verdaderas. Además, no creo que haya mucho feeling entre los actores, comparando con lo que transmiten los cantantes cuando se les ve en los videos de época

 

La estructura es parecida, un arco que va de un padre borracho, con el accidente del hermano que muere en un aserradero, hasta el concierto de 1968 en la prisión de Folsom que consagró a Johnny Cash.


martes, 23 de junio de 2026

Un modelo de eficiencia

 

 


Pongamos el Pnv. Mira esa fotografía tomada en un paseo marítimo. Un mitin y de fondo la gente, desentendida o confiada (en el vídeo se ve). Mira el semicírculo alrededor del estrado, el grupo de atentos, en estado de revista, limpitos. ¿Derechas? ¿Izquierdas? Tribu. Toda esa gente tan limpia, tan atenta, espera ser colocada, por qué si no militarían en el partido. ¿Tú lo harías? Y en cuanto lo consiguen, el mandato es: a enriquecerse. En sucesivos círculos concéntricos: cuida de los tuyos, de tu familia, de tus amigos, del partido, del barrio, del pueblo, de la provincia, del país. Enriquécete, pero sé fiel: sigue las consignas y guarda silencio, la fidelidad recompensada. Un partido es una tribu. Su comportamiento es tribal: los míos y, enfrente, los otros. Cómo sostiene Arsuaga, somos por naturaleza cooperativos dentro del grupo e intolerantes entre grupos. Al mismo tiempo corderos dentro del rebaño y lobos contra las otras manadas. Quien mejor lo representa es el Pnv. Los demás partidos son el PNV con menos esteroides. 

 

El PNV es un modelo de eficiencia, una máquina engrasada de chantaje (te doy mis votos a cambio de), acaparamiento (el cupo vasco, mejores sueldos y pensiones que se detraen de regiones más pobres), corrupción (un ejemplo reciente: tubos reunidos) y reparto distribuido (el entramado socioeconómico que dura décadas). Otros partidos son menos eficientes porque conceden tanto poder al líder que este acaba destruyéndolos (pongamos a Trump y el partido republicano, pero sabes que hay otros buenos ejemplos aquí mismo). Luego están los partidos entregados a una camarilla, donde las disputas continuas los llevan a la irrelevancia.

 

Entonces, qué pasa con la democracia. Es el sistema que legitima la corrupción, las trapacerías de quienes se dedican a la política. Evidentemente es peor la dictadura. Pero la democracia es un engaño.

 

Lee esto de David Pinset: La democracia es una mierda.

 

"La democracia, tal como la conocemos, es un sistema profundamente defectuoso. Aunque es mejor que las dictaduras, sigue siendo “bullshit” (una mierda) porque no gobiernan los individuos racionales ni la sabiduría colectiva, sino tribus organizadas: partidos, grupos de interés, activistas y lobbies... la democracia no es gobierno del pueblo, sino gobierno de tribus (“tribeocracy”). Y las tribus, por su propia naturaleza, son tontas, mezquinas y simplistas".

 


lunes, 22 de junio de 2026

Cálida y húmeda (Xalópalos)

 


XVII

 

Tímida como junco de ribera

La luz resbala de las nubes

El ojo firme de la luna

Dejo atrás las sábanas

Los aromas que me impregnan

Las vistas del gran pino

Las picazas en las copas

Inteligentes como un hombre

Sobre las huertas del delta

En el día no indigente

El paisaje que hiciste tuyo

Como tú lo harías veo

Con la luz de tus ojos

Cálida y húmeda 

La luz que me doraba y envolvía

Ligera me deslumbra ahora 

Cuando inicio el viaje a ti

 


XVIII

 

El mundo parece irreal

Inhóspito

Fuera de las yemas de tus dedos

Enlazadas con los míos

Cuánto me gusta

Mi mano descansando en venus

  

XIX

 

Echado en el sofá

Imagino tu cuerpo sobre el mío

Estrecharte con fuerza

Mi piel contra la tuya

Mi luna, mi amor

 

(ILYSM (junio/2024)

sábado, 20 de junio de 2026

Se casó

 

Toda la vida soltera y de repente se casó.



(Esta frase, que se le ha ocurrido a Javier mientras contaba la vida de una conocida, en Can Josep, como en el cuento del dinosaurio, describe todo un mundo. Una vida).

jueves, 18 de junio de 2026

A bout de souffle vs Nouvelle vague


 



A bout de soufflé” es de 1960. ¡De 1960! Truffaut y Chabrol se habían adelantado con una película, nada comparable a lo que supuso “A bout de soufflé”. Godard oteó el aire e intuyó la que se avecinaba. El choque entre un joven y desconocido Belmondo y una jovencísima Jean Seberg y el asalto a las normas del cine, que era el asalto al conformismo moral de la sociedad burguesa de la época, produjo magia.


Godard rodó sin guion, lo improvisaba cada día en un café antes de empezar. Si podía escondía la cámara para que los transeúntes no se dieran cuenta de que participaban como extras. Descuidaba el raccord, la congruencia entre escenas, las preguntas sin respuesta en los diálogos, tantas cosas que necesariamente apareció como una película revolucionaria.


Durante buena parte de la película, el prota le pregunta a Jean Seberg, ¿Quieres acostarte conmigo? Y ella le va dando largas hasta enamorarse hasta las trancas. Era la cuestión fundamental que se estaba gestando en la revoluciones juveniles por llegar, tener sexo, es decir, follar. ¿Acaso no es ese el objetivo enmascarado de todas las revoluciones? Al final será ella la que le pregunta. ¿Temes envejecer?, que quizá sea el motor que las mueve.


Belmondo inaugura la época del antihéroe, un delincuente que se salta la ley, mata a un policía y sin embargo aparece como el joven simpático que las enamora. Había un público dispuesto a identificarse con quien se enfrenta a la autoridad y se salta las normas. Aunque al final hasta el propio Godard cree que ha ido demasiado lejos y con ayuda de Jean Seberg, protagonista y antagonista a la vez, lo denuncia a la policía, que hará que bese el asfalto.




La película de Richard Linklater es una declaración de amor a los directores franceses y alrededores de lo que se llamó la Novelle vague, una especie de álbum fotográfico en movimiento de lo que considera la revolución cinematográfica del siglo XX que duró 60 años. Aparecen todos, más de 120 personajes que se movieron alrededor de tres figuras que considera claves, Truffaut, Chabrol y sobre todo Godard.


Después de pasar revista a la nómina de personajes, a los que hace pasar por el estudio para fijarlos y preservar su estampa, dedica la película a reconstruir el rodaje del primer film de Godard, El final de la escapada. El protagonista absoluto en ese pasaje es el director francés al que considera un genio. Reconstruye su genealogía como crítico en los Cahiers du Cinema, como admirador de Rossellini y Melville, de quienes el film recoge citas categóricas sobre lo que debe ser al cine, y sus dos polos de atracción y repulsa, admiración por Bresson y rechazo de las películas de Julien Duvivier.


Jean-Pierre Melville: Para hacer una película solo hace falta una chica y una pistola.

Roberto Rossellini: El cine es una cuestión moral.


Pero si Linklater muestra cómo Godard hizo su película improvisando, saltándose las normas de cómo debía hacerse cine, él por el contrario mide su película hasta el extremo de caricaturizar a sus actores para que se parezcan a los personajes. Lo logra a medias, no basta el blanco y negro ni la fidelidad a las medidas de la pantalla. Los actores principales se parecen poco a los originales, no en la fisionomía, sino en la naturalidad con que aparecía en pantalla Jean-Paul Belmondo o en la intangible pátina de estrella que transmitía Jean Seberg, cuando interpretaron Au bout de soofle


Las películas que yo vi de aquellos directores me parecieron el propio discurrir de la vida asomando en las pantallas. No veo en la actualidad nada comparable. Lo que hace Linklater es meterlas en un museo.



miércoles, 17 de junio de 2026

La frase

 

 


Cada mañana habría que salir a la calle, mejor al campo, para atrapar una frase que sea enteramente tuya. Esta misma idea, que haya una frase que te pertenezca por completo. Si sales a la ciudad todos son reclamos. Estás agotado, acogotado. Lo más difícil, que sea tuya y le sirva a otros. Otros como tú, no los otros de quienes te alimentas, no los otros máquina. Mentes máquina que reciclan lo que emite la máquina. Pon el oído en las conversaciones, lo verás: repetición y repetición.

 

Cada día has de dar testimonio ante la burocracia de tu existencia: tarjetas de crédito, redes - una avalancha a punto de enterrarnos -, fes de vida - el bonobús, el recibo de la luz -, la mayoría sin tu participación consciente. Puedes liberar una parte de ti, piénsalo. Un rincón en el que seas tú, sin que nada te invada. Un acto de soberanía: nada ni nadie por encima de ti, respecto a ti. Busca el modo, desconecta, sal al exterior, sal de ti. Vacíate y escucha los ruidos de la naturaleza: escucha y ve la maravilla de los pájaros. Si se hace el silencio, entonces es posible que emerja de tu mente liberada la frase que lo acredite. Tu frase, tú, el verdadero testimonio de tu existencia.

 

Piensa, tú en medio de la multitud indiferenciada. No es necesario que los demás lo sepan. Tan solo que lo sepas tú. Que existes, que vives, que en tu caso no ha sido en vano el regalo de la existencia.

 

Cada mañana, cada día, un acto de soberanía.