Saliendo de Alcalá la Real todo es olivar. La tierra alguna vez fue un mar ondeante. En algún momento algo sucedió que el movimiento quedase congelado. Entonces los hombres sedientos plantaron viñas en las ondulaciones del terreno. Otros prefirieron cultivar el dorado líquido aceitunero. Eso es lo que se ve en esta parte de Jaén, el oleaje estático de un mar de olivos.
A medida que uno se acerca a Baena, el verde va haciéndose más disperso. A cambio aparece una vía que te acerca al paisaje con sosiego y sin apenas esfuerzo, la llamada Vía Verde del Aceite.
El calor aprieta más que los días pasados. Aceleramos para llegar cuanto antes a nuestro destino. Baena está en fiestas, no hay plazas donde dormir. Seguimos un poco más allá hasta Castro del Río. También están en fiestas. No hay supermercados abiertos, tampoco restaurantes. Solo un bar de tapas, tapas generosas, esa imagen que tenemos de Andalucía. He optado por una sepia a la plancha, riquísima.
Por el camino, como sucede a menudo, encontramos gente con la que hablar. En la vía verde topamos con un burgalés curiosamente y su pareja escocesa. Viven en Glasgow, pero vacacionan por aquí. Rodamos unos kilómetros con ellos hasta que nuestras vías se separan intercambiamos opiniones sobre Escocia y los caminos españoles.
En Castro del Río tampoco hay donde alojarse. Celebran una llamada feria real. Solo nos queda el albergue municipal. No es el mejor de los sitios. No hay sábanas ni toallas y el baño ducha es minúsculo. En él encontramos a otro caminante, rodante como nosotros aunque a otro ritmo. Es parlanchín y por su boca salen un montón de anécdotas sin freno. Las acumula en los libros suyos, personales, no editados. Dice que este año celebra sus bodas de plata con el camino, pues lleva 25 años recorriéndolo de punta a punta. Nos cuenta sobre caminos para nosotros totalmente desconocidos, el de Torres Villarroel en Salamanca, por ejemplo; el circular de Andalucía y un montón más que no recuerdo.
Hace tanto calor que no apetece salir a dar un paseo y conocer el castillo de este pueblo. Entre los lugares históricos está la cárcel donde Cervantes fue encarcelado por primera vez cuando era comisario de abastos para Felipe II, acusado de vender grano perteneciente a la iglesia para saldar sus deudas. En esa cárcel, según Jean Canavaggio, Cervantes redactó las primeras líneas del Quijote.
Merodeo por los alrededores del Ayuntamiento y no veo placa alguna que conmemore a nuestro mayor genio del lenguaje, quizá avergonzados por haberlo tenido encarcelado por un quítame allá unas perras. Sí que hay, sin embargo, una gran placa que loa la bandera andaluza, signo de los tiempos.
Por la noche el recinto ferial bulle. Parece que todo el pueblo esté en él. Hay bonitos trajes y consumiciones












