Una de las cosas que más impresiona en Oriente, cuando
uno visita un templo, es la multitud que llega con ofrendas y cuencos rituales.
La familia acude al templo vestida de blanco si son budistas y con sarong y
hermosos saris si son hinduistas y deposita la bandeja de flores de loto en un
altar y los alimentos en manos de un sacerdote. Es un ritual generalizado en el
que participan padres e hijos. También es costumbre, en la hora del almuerzo,
separar una parte de los alimentos que se van a consumir reservándola para los
dioses. Generación tras generación en uno y otro lugar de Oriente se repiten
los mismos rituales, el mismo instinto imitativo. Nos integramos en sociedad
imitando.
¿Por qué somos seres sociales? ¿Por qué existe la
sociedad? ¿Cómo conjugamos gregarismo y afán de libertad?
Harvey Whitehouse, en Herencia. Los orígenes del mundo moderno, sostiene que el conformismo a través de la imitación es uno de los tres elementos constitutivos de la sociedad. Los otros dos son la religiosidad y el tribalismo. Son instintos naturales que a lo largo de la historia han contribuido a crear sociedad y a explicar el éxito evolutivo de nuestra especie, desde el surgimiento de la agricultura a la consolidación de sociedades ordenadas y pacíficas. El conformismo viene de la tendencia natural a imitar; por su parte la religiosidad ordena, legitima y transmite la autoridad y con ella los conocimientos y las tecnologías que hacen que la sociedad se expanda y consolide; y mediante el instinto tribal asumimos el sentido de pertenencia y la lealtad al grupo.
Por debajo de las diferencias entre las distintas
sociedades Harvey descubre patrones comunes. Bajo la aparente irracionalidad de
determinados rituales y costumbres, la pulsión imitativa responde a la
necesidad de transmitir y conservar de generación en generación hallazgos y
tecnologías, conocimientos y tradiciones que se han demostrado necesarios para
la supervivencia. A esto le llama Harvey 'conformismo'.
Si en el pasado el conformismo fue útil porque ayudó a
las sociedades a mantener la cohesión y estabilidad, en contextos de recursos
limitados o incertidumbre, promoviendo la cooperación y evitando conflictos, en
la actualidad el conformismo puede ser un obstáculo, la resistencia al cambio
inherente al conformismo limita la capacidad de innovar y adaptarse y ayuda a
perpetuar sistemas ineficaces o injustos, en un entorno que requiere evolución
constante.
Si el conformismo tiene una doble cara, integradora y
esclavizadora, lo mismo sucede con el instinto religioso. La religiosidad fue
útil en el pasado porque permitió articular sistemas sociales complejos,
organizar y acotar ideas irracionales y transmitir de forma ordenada la
autoridad y establecer sistemas morales sustentados en un orden trascendente.
Aunque aparentemente la pulsión religiosa parece en decadencia, en la
actualidad hay otras formas de control del comportamiento aparentemente no
religioso.
“Las religiones organizadas
transformaron creencias intuitivas y dispersas en sistemas más estructurados,
dando lugar a instituciones como monasterios y universidades que fomentaron
avances culturales e intelectuales, incluyendo la Ilustración”.
El tribalismo puede llevar a la exclusión de otros y a la
justificación de la violencia contra otros grupos; la religiosidad dogmática
puede generar intolerancia y conflictos religiosos, sin embargo, Whitehouse
sugiere que la religiosidad organizada podría ayudar contra la polarización y
el auge de la irracionalidad. La religiosidad promueve valores como la
compasión, la solidaridad y el altruismo que fortalecen los lazos sociales.
De modo parecido, el tribalismo puede ofrecer ventajas
como la cohesión social, el sentido de pertenencia y la colaboración en grupos,
fortaleciendo la identidad colectiva y la lealtad facilitando la cooperación
para alcanzar objetivos comunes. En comunidades o tribus urbanas las personas
encuentran apoyo emocional frente al individualismo y la soledad.
Es evidente que hay una cara a y una cara b en las tres
pulsiones: la imitación y el conformismo constriñen al individuo, su autonomía
y libertad; la religiosidad lleva a la aceptación acrítica, obediente, del
mando político y el tribalismo ha conducido a genocidios y guerras. Sin
embargo, Whitehouse sostiene que los elementos positivos han sido superiores, y
que esos tres instintos básicos naturales del Homo Sapiens pueden ayudar a
salir del impasse en que nos encontramos: la polarización política, la necesidad
de normas y criterios morales, la solidaridad de grupo frente a amenazas
globales.