lunes, 6 de abril de 2026

Confucio en Pingyao

 


Si ayer, llegando, la ciudad con la muralla embebida en luces doradas y las calles casi vacías con sus farolas rojas, me pareció un joyero, hoy tenía la ocasión de ver sus joyas. Pingyao, para las magnitudes de China es una ciudad pequeña, no llega a los 500.000 habitantes, pero con mucha enjundia. Lo que vemos, la muralla y la cuadrícula urbana ortogonal con su dos calles principales cruzadas como si copiase el cardo y el decumano romano, se remonta al siglo XIII, sin embargo, el primer asentamiento de la ciudad data de hace 2800 años, la época de Homero. Lo que vemos es obra de banqueros medievales, la muralla, las casas, con sus oficinas alrededor de un patio, las calles ordenadas. A esa obra de la prosperidad financiera, la UNESCO le ha concedido el título de patrimonio histórico. 




¿Qué contenía el joyero? A plena luz del día, las calles se han ido llenando de turistas chinos, mientras visitábamos los interiores: una letra de cambio, la acuñación de pesas y monedas, las cajas fuertes de la llamada primera empresa de seguridad del mundo, el templo del dios de la ciudad. En el exterior, Pingyao es la típica ciudad turística, llena de restaurantes y tiendas de recuerdos, el casco antiguo progresivamente deshabitado con algo que quizá no se ve en otras partes: las fábricas de belleza femenina: maquillaje, cuidado de las manos y cabello y, por encima de todo, locales donde se venden o prestan los vestidos que imitan la última moda imperial: túnicas largas con cuello cerrado y bordados, con vestidos ajustados o no. Un decadente modelo femenino, como si las niñas se preparasen ara ser las nuevas concubinas del emperador.




Un plaga, la multitud de adolescentes que han decidido en días de fiesta como estoa 4, 5 y 6 de abril, vestirse y filmarse para lucirse en Tik-tok. Hay tantas que su presencia se impone de tal modo que no puede verse otra cosa. Una infantilización que sigue los pasos del mundo occidental.




Y sin embargo, uno creía que en Pingyao iba a encontrar el misterio del alma China, que iba a palpar las enseñanzas de los dos grandes filósofos de su cultura, Lao Tse y Confucio. No se detienen en sus templos los turistas que llenan Pingyao, o muy pocos, prefieren consumir las baratijas que se les ofrecen y filmarse. No sabrán que la muralla tiene 72 Torres que se corresponden con los 72 mejores alumnos de Confucio, que las 10 figuras que le acompañan en el templo construido hace 860 años son sus 10 excelentes discípulos y que los dos más dos que están a su izquierda y derecha son los ayudantes que tomaron nota de lo que Confucio explicaba, pues como Sócrates y Jesús nada escribió, solo enseñaba a través de su palabra.




Ahí está el templo de Confucio, ahí la escuela que se hizo famosa por sus rigurosos exámenes para acceder al funcionariado imperial. Nada más lejos de la plenitud de la existencia a través de la vida simple, pura, tranquila y pacífica, y de la vuelta a una infancia primitiva lejos de la vanidad y las preocupaciones del momento, que propugnaba su maestro Lao Tsé. 




Qué queda del ideal educador de Confucio, el que dio carácter al Estado chino. Su filosofía, sus cinco principios (humanidad, ritual, honestidad, sabiduría y rectitud), ha modelado la conducta y el orden social de la ciudad de Pingyao y del Estado chino durante siglos. Es verdad que la enseñanza de Confucio iba dirigida al funcionariado de China y que, siguiendo la tradición, son las élites políticas y tecnológicas actuales, quienes siguen su legado, no la masa consumista e infantilizada que se ve por las calles en un día de fiesta como hoy.




Confucio vivió entre los siglos VI y V ac pero sus ideas no se asentaron definitivamente como la ideología oficial de China hasta la dinastía Han, alrededor del año 140 ac cuando bajo el emperador Wu, alcanzó una preeminencia espiritual sin parangón, base del sistema educativo y de la función pública, así es venerado en los templos dedicado e él, no como divinidad, sino como el Maestro.


domingo, 5 de abril de 2026

El Palacio de verano en la víspera del Qingming

 


1. Autobús. Armando comenta, a propósito de la organización familiar la política de hijo único y las dificultades para encontrar pareja. Nos cuenta como llegó hasta el matrimonio. Tras ocho meses de mensajes a través de Wechat, siendo compañeros de trabajo, la invita a salir. Ese día no hablan, solo algunos después van a montar a caballo, es entonces cuando le dice si quiere ser su novia. Antes ha tenido que comprar piso y coche, condición inexcusable. La boda es cara y la paga la familia del novio, además de hacer un pequeño regalo a la de ella. Antes bastaba con un cerdo, un pollo o un cordero, ahora, dependiendo del nivel de la ciudad - las ciudades tienen niveles económicos diferentes, lo que condiciona la vida -, el monto va de 100 a 250 mil yuanes. 


La primera sorpresa tras la boda fue que la esposa no sabía cocinar - era hija única cuidada entre algodones: el primer año tuvieron que comer fuera; él cocinaba por la noche. Ahora viven juntos con los padres del novio y los hijos. Siete personas en 100 m², en el cuarto cinturón de seis de Pekín. No hay más remedio que los padres vivan con los hijos casados, porque para comprar la nueva vivienda han tenido que vender el piso o la casa de familia. Es así para la clase media acomodada. Hemos visto habitáculos minúsculos a ras de suelo en el centro de Pekín, no los arrabales.




2. El día es gris. Larguísima espera para entrar en el Palacio de Verano, junto a cientos de grupos de chinos - muchas escuelas - montar en barco, rodear una pequeña isla y visitar los pabellones del enorme recinto. Entre masas de gente y apretones, ¿quién querría vivir en un país así? Pequeñas embarcaciones abarrotadas, calmadas, sin embargo, gracias al tono armonioso, cantarín, de la voz musical que explica, en chino supongo, la historia del lugar. No entiendo nada pero la voz relaja. En la isla que rodeamos se ven puertas y templos, pero apetece poco visitarla.




3. El Palacio de Verano de Pekín (Yiheyuan) lo construyó el emperador Qianlong de la dinastía Qing en 1750 para celebrar el 60 cumpleaños de su madre. Destruido y reconstruido, mantiene el diseño del paisajismo clásico chino, alrededor del lago artificial Kunming. La emperatriz Cixi, de la última dinastía, Qing, lo rehizo tras ser destruido por británicos y franceses en la Segunda Guerra del opio, en 1860.




4. Desembarcamos junto a un barco de piedra en el que por supuesto la caprichosa emperatriz nunca viajó. Caminamos por 'la galería más grande del mundo', que la emperatriz construyó para su particular disfrute en periodos de mal tiempo. En paneles laterales de la larga galería, pinturas van explicando la historia de China. La multitud impide detenerse, te arrastra; apenas podemos vislumbrar el pabellón en forma de tortuga - símbolo de la longevidad - que corona el monte desde el que se puede ver, supongo, la entera superficie del paradisíaco lugar (para la emperatriz).




5. Antes de llegar a la Villa olímpica, divisamos el Estadio del Nido de Pájaro. Visitamos una tetería con un montón de ricas variedades de te, de sabor delicado particular, pero comercializado en estuches tan caros que pocos se animan a comprar.




6. Muy cerca, el self service de estilo internacional, pero con la comida troceada al modo chino. Mucho turista de piel blanca. Se entra y sale por una joyería con mucho aparadores y dependientas, pero de poco éxito.


7. Largo viaje en tren. Cinco horas. Paradas continuas por un valle fluvial del que es difícil adivinar el cultivo. Montañas peladas, ¿deforestadas?, al fondo.




8. En el trayecto pasamos por una ciudad colmena, Datong: todas las torres vivienda exactamente iguales uniformes nuevas, hasta el río que pasa por ella parece robotizado por la conducción del agua y sus represas. Pero, oh sorpresa, Datong, con 3,3 millones de habitantes, en la provincia de Shanxi, una ciudad fortaleza (c. 200 a.C.) conocida como "la Ciudad del Carbón", fue nodo de la Ruta de la Seda con un muy importante patrimonio cultural.




Fue capital de la dinastía Wei, famosa por las impresionantes Grutas de Yungang: 50,000 estatuas budistas talladas en roca y el Monasterio Colgante (Xuankong): de más de 1,500 años de antigüedad, suspendido en un acantilado (Patrimonio de la UNESCO) y el 'asombroso' Monasterio Colgante (Hengshan). Nos conformamos con ver sus maravillas vía Internet.




9. Se hace la noche y en el paso por ciudades o pueblos vemos caminos iluminados con farolas rojas. Se relacionan con la Fiesta de Qingming, o "Día de Limpieza de Tumbas" o "Día de Muertos", que se celebra entre 4 y el 6 de abril, una de las festividades más importantes de China. Durante tres días las familias acuden a los cementerios para barrer las tumbas, quitar maleza y colocar flores frescas o ramas de sauce para alejar malos espíritus y honrar a sus ancestros, ofreciéndoles comida y quemando "dinero espiritual" para que los difuntos tengan una buena vida en el más allá. También estos días celebran la primavera consumiendo qingtuan, pastelitos de arroz glutinoso verde rellenos de pasta de judía dulce.


La gente hace volar pequeñas linternas de colores o hileras de luces. Al elevarse, parecen "estrellas parpadeantes" que decoran el cielo nocturno en la creencia de que la luz ayuda a las almas de los antepasados a encontrar el camino de regreso para recibir las ofrendas de sus familias. También depositan linternas sobre la superficie de ríos o lagos allí donde los haya.




10. La noche cerrada, cansados, somnolientos, pasamos por ciudades enormes, desconocidas. Datong, 3,3; Taiyuan 4,2 millones, antes de llegar a nuestro destino, Pingyao, una ciudad encerrada en un joyero o eso nos parece en la primera impresión.


sábado, 4 de abril de 2026

Una muralla China sin aves

 


Este es uno de esos lugares de la geografía humana en los que lo que se ve no coincide con la imagen que te habías formado. Aunque humana, la muralla parece sobrehumana por sus dimensiones, 6.700 km (21.000 si se incluyen todas sus ramificaciones) recorriendo cordales de varias cordilleras y valles, lleno de parapetos defensivos, escaleras y torreones de vigilancia. Uno imagina la potencia del imperio o de las dinastías que la construyeron, imperios llenos de esclavos para quienes la obra valía más que las miles de vidas que aquí trabajaron y murieron.




Una obra de ingeniería perfectamente diseñada, construida con hangtu o tierra apisonada: capas de tierra, grava y ramas compactadas en moldes de madera o sillares labrados, dependiendo del material de la zona, escalones con desniveles pronunciados, asimétricos, pequeñas canalizaciones para derivar el agua, arcos y ventanas para las torres que emitían o recibían señales de humo o fuego y pequeños cuarteles de vivienda para los soldados. 




La Gran Muralla es una inmensa red de fortificaciones construida a lo largo de 2.000 años (del s. V a.C. hasta la dinastía Ming) - un 8% en buen estado - frente a las invasiones nómadas del norte, mongoles y xiongnu, también como vía de comercio, inmigración y comunicación. No es una muralla continua, sino una serie de muros, torres de vigilancia y cuarteles que atraviesan 15 provincias.




La altura promedio es de 6-7 metros, con base de 7-8 metros y una anchura de hasta 5 metros. Las torres de Vigilancia se situaban cada 500 metros o menos. La muralla serpentea por las crestas montañosas y valles alcanzando pendientes de hasta 70 grados. Se usaron carretas de una sola rueda y sistemas de poleas para mover los materiales.


No es fácil hacer unos pocos kilómetros de muralla, hay que estar en forma, por la irregularidad de los escalones y su material, por las pendientes pronunciadas. Pero merece la pena comprobar su magnitud.




Una de las cosas que sorprenden, no solo en la ruta por la muralla, es la ausencia de pájaros y de insectos. Es conocida la campaña iniciada por Mao en los años 50 argumentando que los gorriones comían demasiado grano. Se organizaron movilizaciones para espantarlos para que murieran de agotamiento, además de destruir nidos y huevos. Casi los extingue, provocando como derivada una plaga de insectos y una hambruna masiva. Las plagas de langostas devastaron los cultivos, contribuyendo a la Gran Hambruna que causó millones de muertes. Solo desde el 2001 los gorriones están protegidos.




La disminución del resto de pájaros tiene otros motivos: las nuevas grandes ciudades como islas de calor; nuevos parques sin la vegetación adecuada; deforestación; la concentraciones de rascacielos más grande del mundo, que son trampas mortales para las aves migratorias que chocan contra los cristales; la contaminación lumínica que altera sus ciclos de sueño y reproducción; la contaminación acústica que "tapa" el canto de las aves, dificultando que encuentren pareja o señales de advertencia; los pesticidas.  


EnChina todo es a lo grande, lo nuevo y lo viejo, la extinción y la construcción, los ideales y las catástrofes.


viernes, 3 de abril de 2026

Volvíamos en taxi

 


Volvíamos en taxi, tras haber visitado de noche uno de los grandes estanques/lagos de Pekín en cuya superficie se reflejan los colores artificiales, una de esas pocas expansiones permitidas que escasean en la ciudad - también hay color, aunque limitado, en los vestidos que los danzantes nocturnos se ofrecen en la calle peatonal estilo Paseo de Gracia o calle Serrano -, 




volvíamos, tras pasear por las calles que rodean el estanque, calles de pequeños restaurantes y tenderetes con brochetas y dulces, volvíamos tras haber gozado de la vista nocturna de la Torre de la Campana y la Torre del Tambor, hitos turísticos que realmente llaman la atención, que igualmente escapan a la uniformidad de la Nueva China que inauguró el presidente Mao, ambos edificios los pudo conocer el gran Marco Polo, pues fueron construidos en la época del emperador Kublai Kan (1272), aunque remozados o reconstruidos en distintas épocas, edificios que medían o marcaban el tiempo de la ciudad, que constituían su eje,




volvíamos tarde ya al hotel en un taxi cuya tarifa nos sorprendió, unos precios a la europea que había que estar atentos para negociar - de hecho, otros compañeros que volvían en un taxi diferente tuvieron un susto morrocotudo de 400 yanes, aunque se supone que todo servicio público está regulado -, 




volvíamos por calles solitarias, casi oscuras - la iluminación de Pekín deja que desear - hacia el hotel por avenidas vacías, sin coches, liberadas ya de los grandes atascos que habíamos padecido al final de la tarde cuando íbamos hacia la calle central de los Hutongs - literalmente los callejones -, vacías ya de coches, de motocicletas y bicis, solitarias y silenciosas las calles, aunque silenciosas lo son también durante el día porque todo está electrificado en esta ciudad, pero no del todo vacías ni solitarias porque cada 100 o 150 m había un policía y un poco más allá patrullas con tres miembros, dos pegados el uno al otro en ángulo recto, con la cabeza girando sin cesar también en ángulo recto, un tipo de vigilancia del que ningún pekinés puede escapar ni de día ni de noche, 




cámaras y policías como robots, a fuer de ejemplo, la historia que nos contó el guía, Armando, del integrante de un grupo de turistas mexicanos, que se había perdido en el parque del Templo del Cielo, un templo donde el imperio celebraba sus rituales de poder, centrado en la mitología de los antepasados, un hombre con sobrepeso que había perdido el ritmo del grupo al que estuvieron buscando por espacio de más de una hora y que, solo tras acudir a la policía y esta mirar en sus cámaras, encontraron, con lo que se demostró a los incrédulos que las cámaras no solo eran decorativas, no estaban vacías

jueves, 2 de abril de 2026

Pekin, un decorado

 


Tenemos una idea, aunque estereotipada, de lo que es un francés, un italiano o un alemán. ¿Pero qué es un chino? Qué valores, defectos o virtudes atribuimos a un chino. De momento me parece el habitante de una colmena, ¿hay algo más? Quizá la pregunta adecuada sea qué piensa o desea el poder o la élite que deba pensarse sobre China. Mi impresión es que el poder se muestra mediante un gran decorado, algo común a cualquier poder, en China se hace a lo grande. La China imperial tenía la Ciudad prohibida, un gran recinto que los siervos veían desde fuera, una arquitectura, un estilo, una magnitud que se repetía en palacios y templos por todo el país. Ahora es el control hiper visible y la tecnología, con la gran manifestación olímpica.




En Pekín, la Avenida Chang'an (Avenida de la En Pekín, la Avenida Chang'an (Avenida de la Paz Eterna) tiene 45 kilómetros de lado a lado, la calle avenida autovia más larga del mundo en una ciudad, con 100 m. de ancho en algunos tramos. China, 1400 millones, un país con 56 etnias, aunque la Han sea la mayoritaria. Una historia de 100 dinastías y 400 emperadores. Y una reciente, la nueva China, con nuevos emperadores (Mao, Deng Xiao Ping, Xi Jin Ping), ya sin título de emperadores, la dinastía comunista. Mao se adecuada al patrón: aparte de sus cuatro mujeres, una de ellas ejecutada, tuvo a su disposición numerosas mujeres jóvenes, de quienes se esperaba que complacieran al líder. 

Según la estadística oficial solo el 5% de la población está en paro. Es verosímil. Este país es estadística, número, magnitud. Lo comprobamos cuando nos disolvemos en la multitud que se agolpa en las barreras de entrada a la Ciudad prohibida: presentar el pasaporte sellado - no te olvides del pasaporte en el hotel - ante una ingente cantidad de personal que controla, verifica, palpa los recovecos de tu cuerpo, como si pudieses ocultar alguna cosa extraña.




Para llegar a la Ciudad Prohibida hay que pasar por la plaza de Tiananmén, un enorme espacio cargado de significado, pero vacío, donde lo más llamativo son las puertas de entrada a la Ciudad imperial, donde estaba el cuerpo de guardia. La plaza, inaugurada en 1949, alberga el feo Mausoleo de Mao Zedong y el Museo Nacional, lugares de casi imposible visita. Se hizo famosa por las protestas  juveniles de 1989. No se sabe la cifra exacta de muertos. 




En oposición a la China imperial, el espacio de representación del poder actual es un lugar vacío donde los grupos de turistas, chinos de provincias y foráneos, aparecen como seres minúsculos concentrados, caminando siguiendo órdenes, sin opción de poder visitar el Palacio del pueblo - Congreso - o el Palacio Nacional de Historia. Las cámaras bien visibles, por cientos, vigilan cualquier movimiento. La principal intención es que se vean. Verlas es el primer elemento de la vigilancia.




Pero no solo hay cámaras. Hay cientos de policías, de soldados y de agentes de seguridad indistinguibles. Para pasar de la plaza de Tiananmen a la Ciudad Prohibida siguen más controles para una muy apretada multitud. La sensación es de agobiante vigilancia. Los vigilantes se comportan como máquinas donde cualquier alteración perturbaría el sistema. Todo para poder ver el espacio a la representación, ningún interior. 




La diferencia. En la época clásica imperial bastaba con la ostentación del poder, la exhibición de la riqueza, la magnitud de las obras, los palacios, las plazas, los símbolos, la extensión. El poder representado, su gigantismo, era suficiente para aplanar al individuo en su insignificancia. Armonía Suprema, era su lema, todo en orden, respetando las jerarquías. 10.000 dragones en el salón principal. Referencias continuas al número 9, porque el 10 está reservado a Dios, al Emperador divinizado. Más de los cuatro animales celestiales: las tortugas de longevidad junto a dragones, fénix y leones. 




Ahora la brutalidad del poder se manifiesta sin ambages, la representación es mínima. La vigilancia lo es todo. Cada individuo asume interiormente las órdenes, se autovigila. El poder necesita que el individuo sea consciente de que está vigilado. Solo en los arrabales exteriores, el mal gusto de la nueva China es sustituido por el brillo tecnológico: Citius, Altius, Fortius, el lema olímpico que Pekín hizo suyo en 2008. Del "Servir al pueblo" maoísta al "Sueño chino" de Xi.

miércoles, 1 de abril de 2026

China. La colmena ordenada

 


Mi primera impresión. Como en cualquier realidad, hay tres chinas. La que ves, la que imaginas y la real, que existe más allá de tu percepción. China es una potencia tecnológica, una maravilla de los procesos ingenieriles que nos dejó atónitos durante los juegos Olímpicos. El mundo maravillado y rendido. Lo que se ve en la calle es otra cosa. Chinos en movimiento. Todo el mundo parece tener un empleo, algo que hacer, una misión, un trabajo que hacer, una encomienda. ¿Qué calidad tiene ese trabajo? ¿Qué grado de satisfacción para ellos? Esa es la cuestión. 




Aunque todo se mueve, hay un montón de gente que no hace nada. Policías, agentes de seguridad muchos. Nuestra experiencia: una maleta perdida al salir del avión. Reclamación en la oficina correspondiente: un montón de empleados que no saben qué hacer, redactan un justificante, un resguardo de la reclamación, con carácteres chinos, ocupando un quinto del folio en blanco, que traducido carece de sentido. Tienen ordenadores y una fotocopiadora bien visible que a duras penas saben utilizar. Dos horas esperando a ver si aparece la maleta y haciendo un reclamación que parece no tener sentido.




Pekín no es la ciudad que imaginabas. Hay un decorado de la China clásica y un montón de edificios que alguna vez fueron nuevos y ahora están destartalados, desconchados, despintados. Y zonas, incluso en el centro, de callejuelas de ladrillo oscuro con casas minúsculas, mal acondicionadas, motos y bicis por doquier. Luego a lo lejos como rodeando el centro, un cinturón de rascacielos de cristal y acero, de menhires erectos. 




Todo está lleno de cámaras y prohibiciones de paso. El tráfico parece ordenado, dentro de un cierto caos, que no respetan las bicis y motos cuyo código los occidentales no entendamos. Dentro de la uniformidad, los chinos intentan algún elemento diferenciador, aunque son diferencias grises, oscuras poco llamativas, salvo los visitantes de provincias que durante el día o los días que están en la capital se visten con las pseudolujosas vestimentas de la China imperial. Los conductores de motos llevan una especie de bata de boatiné por delante para protegerse del frío. 


La impresión general es la de colmena. Un movimiento incesante, caótico pero que responde a un plan ordenado, la dinámica del hormiguero en un urbanismo de colmena.


lunes, 30 de marzo de 2026

Black Dog

 


 Hay una China tecnológica que nos deslumbra, que, como el gran dragón, parece que va a desgarrar el mundo hasta convertirnos en sus esclavos, pero hay otra China la que sufre las consecuencias. En el cine hay apologistas que edulcoran el modelo chino, pero también hay los que nos muestran el lado más oscuro. Destacó tres películas. El regreso de las golondrinas, que ya he comentado, refleja con poesía la distancia entre el mundo rural que se pierde y las ciudades tecnológicas. 


Comento las otras dos. Guan Hu y Jia Zhangke han sido para mí un descubrimiento. El primero con un lirismo negro, el segundo con un realismo trágico.


¿Cómo es China lejos de las erectas ciudades del Pacífico? Guan Hu planta su cámara como si extendiese largos pinceles para dibujar un gran lienzo sobre la otra China. Junto al desierto de Gobi hay una ciudad que se desmorona, de la que todo el mundo huye, incluso los perros, cuando faltan unas horas para que comiencen los juegos Olímpicos de Pekín, cuya tecnología deslumbrará al mundo. 

 

Lang, un hombre joven al que le cuesta pronunciar una sola palabra, llega a su ciudad tras haber cumplido condena por un homicidio. Los edificios se caen a cachos, las calles solitarias, la atmósfera contaminada, los interiores degradados, viejos, con acúmulos de cosas inservibles, como los hombres que juegan a juegos de mesa o trastean con cosas inservibles. Parece que  ya solo quede un único oficio, atrapar a los miles de perros abandonados por la gente que ha huido de la ciudad. Miles de perros en el desierto cercano y perros que se esconden entre las ruinas, tras el abandono de la ciudad condenada. 

 

Como ocurría en El regreso de las golondrinas, de Li Ruijun, una película que tiene mucho que ver con esta, por los altavoces se urge a que la gente se vaya y cobre por dejar sus casas. Las excavadoras ya están haciendo su labor. Pero si en la primera había una cierta poesía, la de la dignidad del hombre que pelea hasta el final, con la fe de quién cree que la vida es lucha de la que al final se obtendrá recompensa, en Black Dog solo hay desesperanza y fatalidad. 

 

Lang es un hombre corroído por dentro, con una furia interior que no sabe adónde dirigir. Un perro, puede que rabioso, le ha atacado. Lleno de heridas se enfrenta a un mundo hostil. Al final, inesperadamente, el hombre se amista con el perro y lo prefiere de pareja antes que a una mujer. Un cielo lóbrego ilumina paisajes oxidados, unos pocos hombres habitan la ciudad del fin del mundo. Lang ha convertido su motocicleta en un sidecar para llevar en él al perro negro, lejos, no se sabe dónde.




En A Touch of Sin (Un toque de violencia), Jia Zhangke, a quién se considera el director más creativo de la China actual narra cuatro historias que toma de la realidad para mostrar la corrupción, el desarraigo, la alienación, el acoso y la violencia en cuatro provincias diferentes, frente a la propaganda del rápido crecimiento económico y la modernización. Una película cruda, desesperanzada.