miércoles, 2 de abril de 2025

Herencia. Los orígenes del mundo moderno, de Harvey Whitehouse

 

 


Una de las cosas que más impresiona en Oriente, cuando uno visita un templo, es la multitud que llega con ofrendas y cuencos rituales. La familia acude al templo vestida de blanco si son budistas y con sarong y hermosos saris si son hinduistas y deposita la bandeja de flores de loto en un altar y los alimentos en manos de un sacerdote. Es un ritual generalizado en el que participan padres e hijos. También es costumbre, en la hora del almuerzo, separar una parte de los alimentos que se van a consumir reservándola para los dioses. Generación tras generación en uno y otro lugar de Oriente se repiten los mismos rituales, el mismo instinto imitativo. Nos integramos en sociedad imitando.

 

¿Por qué somos seres sociales? ¿Por qué existe la sociedad? ¿Cómo conjugamos gregarismo y afán de libertad?

 

Harvey Whitehouse, en Herencia. Los orígenes del mundo moderno, sostiene que el conformismo a través de la imitación es uno de los tres elementos constitutivos de la sociedad. Los otros dos son la religiosidad y el tribalismo. Son instintos naturales que a lo largo de la historia han contribuido a crear sociedad y a explicar el éxito evolutivo de nuestra especie, desde el surgimiento de la agricultura a la consolidación de sociedades ordenadas y pacíficas. El conformismo viene de la tendencia natural a imitar; por su parte la religiosidad ordena, legitima y transmite la autoridad y con ella los conocimientos y las tecnologías que hacen que la sociedad se expanda y consolide; y mediante el instinto tribal asumimos el sentido de pertenencia y la lealtad al grupo.



Por debajo de las diferencias entre las distintas sociedades Harvey descubre patrones comunes. Bajo la aparente irracionalidad de determinados rituales y costumbres, la pulsión imitativa responde a la necesidad de transmitir y conservar de generación en generación hallazgos y tecnologías, conocimientos y tradiciones que se han demostrado necesarios para la supervivencia. A esto le llama Harvey 'conformismo'.

 

Si en el pasado el conformismo fue útil porque ayudó a las sociedades a mantener la cohesión y estabilidad, en contextos de recursos limitados o incertidumbre, promoviendo la cooperación y evitando conflictos, en la actualidad el conformismo puede ser un obstáculo, la resistencia al cambio inherente al conformismo limita la capacidad de innovar y adaptarse y ayuda a perpetuar sistemas ineficaces o injustos, en un entorno que requiere evolución constante.

 

Si el conformismo tiene una doble cara, integradora y esclavizadora, lo mismo sucede con el instinto religioso. La religiosidad fue útil en el pasado porque permitió articular sistemas sociales complejos, organizar y acotar ideas irracionales y transmitir de forma ordenada la autoridad y establecer sistemas morales sustentados en un orden trascendente. Aunque aparentemente la pulsión religiosa parece en decadencia, en la actualidad hay otras formas de control del comportamiento aparentemente no religioso.

 


“Las religiones organizadas transformaron creencias intuitivas y dispersas en sistemas más estructurados, dando lugar a instituciones como monasterios y universidades que fomentaron avances culturales e intelectuales, incluyendo la Ilustración”.

 

El tribalismo puede llevar a la exclusión de otros y a la justificación de la violencia contra otros grupos; la religiosidad dogmática puede generar intolerancia y conflictos religiosos, sin embargo, Whitehouse sugiere que la religiosidad organizada podría ayudar contra la polarización y el auge de la irracionalidad. La religiosidad promueve valores como la compasión, la solidaridad y el altruismo que fortalecen los lazos sociales.

 

De modo parecido, el tribalismo puede ofrecer ventajas como la cohesión social, el sentido de pertenencia y la colaboración en grupos, fortaleciendo la identidad colectiva y la lealtad facilitando la cooperación para alcanzar objetivos comunes. En comunidades o tribus urbanas las personas encuentran apoyo emocional frente al individualismo y la soledad.

 

Es evidente que hay una cara a y una cara b en las tres pulsiones: la imitación y el conformismo constriñen al individuo, su autonomía y libertad; la religiosidad lleva a la aceptación acrítica, obediente, del mando político y el tribalismo ha conducido a genocidios y guerras. Sin embargo, Whitehouse sostiene que los elementos positivos han sido superiores, y que esos tres instintos básicos naturales del Homo Sapiens pueden ayudar a salir del impasse en que nos encontramos: la polarización política, la necesidad de normas y criterios morales, la solidaridad de grupo frente a amenazas globales.


lunes, 31 de marzo de 2025

Hernández Pijuán, labrador de superficies pictóricas

 




Estoy solo en la sala. El silencio es total salvo un suave murmullo que viene del exterior; chicos de instituto. Que mejor situación para que los cuadros, la pintura, si tienen algo que decir, me hablen. El tamaño es el suficiente como para verlo desde lejos, sin necesidad de aproximación. Sobre un fondo monocromo con tonalidades verdeoscuras, blancas u ocres, una geometría como de red de pequeños globos circulares, semicirculares o de líneas que se entrecruzan formando rombos desiguales para generar figura sobre fondo. Una figura en que convergen regularidad y tramas irregulares. Si me detengo en cada cuadro veo, obviamente, diferencias. Algo tiene esta pintura que me rechaza y me atrapa al mismo tiempo. No puedo estar demasiado tiempo, sin embargo, contemplando porque no hay relato, tan solo tramas abstractas que se agotan en sí mismas.


                                    

No alcanzo a ver significado, tan solo referencia a un tiempo histórico que gira en bucle. Los 90. Callejones sin salida, como si el arte estuviese certificando su propia muerte. De hecho, llevo un buen rato paseando por la sala. Esperando que alguien llegue para ver qué impresión le causa. Pero nadie parece interesado, al menos hoy.

Quien hace el texto introductorio habla de luz y opacidad, de figura y fondo, de tensión entre estructura e imagen, superficie e icono, experiencia cotidiana y memoria que se tensan “desde la irrupción más sutil o menos de la luz”. No sé de qué percepción cotidiana, de qué visión aleatoria en cualquier lugar en que nos encontremos, no podría decirse lo mismo. Habla de voluntad esencialista. Dice que las obras se tornan “en modo de conocer como vehículo de pensamiento más que como instrumento para representar imágenes”. La luz, dice, produce un fulgor difícilmente previsible. Los textos en este tipo de exposiciones le dicen al curioso qué tiene que ver.


                                        

Esta pintura se volvió tan abstracta tan conceptual que dejó fuera al espectador, pintura de museo contemporáneo para estudio y complacencia de comisarios, profesores de arte y estetas descarnados.

Me cuesta salir de este espacio de las dos salas que lo componen, convertido yo mismo en abstracción, pues el placer no me lo provocan los cuadros que miro paseando y con distintas aproximaciones, sino el estar solo deambulando, ausentado de la ciudad. De algún modo, los museos provinciales, vacíos como están, se han convertido en sustituto de las naves de las iglesias que antaño visitábamos como remanso entre uno y otro de nuestros innecesarios ajetreos.

Me expulsa al fin la llegada de un fotógrafo que parece profesional. No se cansa de hacer fotografías en las no adivino qué pueda encontar. Tras él llega otro con facha profesoral. Hablan del texto introductorio. Alarga los brazos, yergue la cabeza y abomba el pecho. Cazo al vuelo: "Despierta una serie de posibilidades que están ahí...".



                                

También llega una pareja de británicos jubilados que señalan en las pinturas patrones, líneas en los cuadros. No parece necesario aguzar la vista en lo que es más evidente.


En otra nota introductoria, en otra sala. Leo:” ...espacio acotado, rotundamente vertical”. El título, llaurats, haría referencia a los campos labrados, "al modo en que se fraguan las imágenes en la materia pictórica", dice sin disimular su pedantería, “en base al conocido tratamiento de las superficies que hace posible las idas y venidas de la luz, imágenes aradas”.


                                    

" La obra que puede verse en la sala 4 persevera en una esencialidad que tiene mucho de vernáculo". " La idea de la pintura arada... Espacio fértil que se piensa y se habita, que se lee y se transita que se abona y se cosecha... Las sutiles franjas en el perímetro de las superficies que fijan el vibrante lugar donde germina el conocimiento”.

Si algo hay que agradecer a Hernández Pijuán es su minimalismo, comparado con la otra exposición temporal del Patio Herreriano, obras del fondo Rafael Santos Torroella, tan barroca como española, pretendiendo ser moderna, una colección formada gracias a su frecuentación de artistas, sobre todo catalanes, de los años anteriores y posteriores a la guerra.







miércoles, 26 de marzo de 2025

Durante le pandemia se escribieron libros

 


Durante la pandemia hubo gente que leyó libros. Incluso que los escribió. Una figura mixta fue la de quien leyó libros para después escribir a partir de ellos. He visto bastantes casos. Lo común es leer libros afines, los que confirman nuestra visión del mundo. El problema es que, si te pones a escribir sobre esos libros, tienes muy pocas cosas que decir, porque lo normal es que repitas como un papagayo. Lo ideal es leer libros que remodelen tu visión del mundo mejorándola. No pido que leas libros que estén en tus antípodas, que den un revolcón a lo que piensas. Poca gente lo hace. Normalmente tildamos de extremistas a quienes no sintonizan con nuestro modelo de mundo, si bien, es cierto, que no nos gusta que, en reciprocidad, nos tilden a nosotros de lo mismo, de extremistas.

 

Un modelo que he visto repetido es este. Seleccionas un conjunto de libros que están en el aire. Alguno tiene un punto de vista original. Otros, los más, no tienen nada que decir, pero manejan conceptos y posiciones que concuerdan con el mainstream: un vocabulario, un campo semántico. Tomas nota, alguna cita. Y haces un plan de trabajo; una introducción y unas conclusiones, y, en medio, unos cuantos capítulos, cada uno de los cuales ha tenido como punto de partida uno de los libros que has leído. Un epígrafe abre cada uno de ellos. Desarrollas cada capítulo tomando las ideas del libro en cuestión como punto de partida, sin que se note demasiado que tú has aportado poco, citas al autor y el título de su libro por si acaso te acusan de plagio. El autor en cuestión estará contento porque lo has citado y hecho constar en la bibliografía.

 

Lo más común si se trata de un ensayo que trata los temas del día es que dediques un tema a la inmigración, otro al cambio climático, uno más a la cuestión de género, a la homofobia y a los modelos familiares alternativos, otro a la memoria colectiva, otro más a la inevitable globalización y a la hibridación cultural. Conviértelo en problema: tensiones identitarias, flujos migratorios, choques raciales, intergeneracionales y de género. Y que no falte una reflexión sobre la ilusión de la identidad y otra, si el libro está escrito desde Cataluña, sobre el nacionalismo concebido como un sistema dinámico que combina tradición y creatividad y bien situado 'en el contexto de una ética cosmopolita que busca reconciliar las diferencias en un mundo globalizado'.

 

El objetivo es que el conjunto del libro parezca una reflexión sobre pautas de política cultural. En algún lugar central has de hacer referencia al mercado y la lógica neoliberal, a cómo la mercantilización de la cultura ha reducido su valor en términos de utilidad económica y cuantificación. Antes o después has de dejar claro que cualquier política cultural ha de formar ciudadanos críticos capaces de repensar los valores dominantes, con el objetivo, ¡ay!, ‘de perfeccionar al ser humano y a la sociedad’. Si estableces diferencias entre vieja y nueva política, entre cultura elitista y cultura popular, y además nombras a algún miembro destacado - y detestado - de aquella, si confrontas individualismo y colectividad y repites varias veces la palabra 'común' y si, además, conoces a alguno de los miembros del jurado o a alguien que los conoce, tienes muchos puntos para que, si te presentas al Premio Nacional de Ensayo, seas un firme candidato para obtenerlo. Pongamos, el de 2023.

 

martes, 25 de marzo de 2025

Invisibles (Sri Lanka)

 


Si hay una figura triste en las calles de Sri Lanka, esa es el perro. Esqueléticos, llenos de sarna y de garrapatas, cojos o malheridos, en ningún otro lugar los he visto tan desvalidos. Nadie los maltrata, tampoco nadie los atiende o les ofrece algo de comer. Deambulan por donde hay hombres, siempre alrededor, con los ojos tristes, perdida toda esperanza de que alguien les preste algo de atención, les mire siquiera. Hasta los cuervos, tan abundantes en este país, revolotean por encima o se plantan delante como si les animasen a perseguirlos, como burlándose de ellos, pero están tan desamparados, tan faltos de todo, de comida, de afecto, de atención que ni se inmutan. 




Pero hay otra figura que incluso está por debajo de los perros famélicos. Una figura invisible. Al menos a los perros se les ve y asumen su vergüenza. Has de abrir bien los ojos y mirar donde nadie mira. Es entonces cuando en un rincón, en una esquina, en un agujero los ves, solitarios, desfallecidos, sin alma, simplemente tirados. Todas sus pertenencias son plásticos, llenos de algo indefinible o vacíos, con una botella de agua como gran posesión. 




Si el príncipe Siddhartha Gautama, en su despertar (bodhi) debajo del ficus de Bodhgaya, comprendió, convirtiéndose en Buda, que había cuatro verdades nobles: la verdad sobre el dolor, la verdad sobre el origen del dolor, la verdad sobre el cese del dolor, y la verdad sobre su extinción, este hombre ha llegado a la extinción sin haber pasado por el camino de la iluminación. La pobreza tiene diversas figuras, la ves sobre el arcén junto a baratijas que nadie compra, deambular como animal de carga llevando cosas, la ves limpiando el camino por donde pasan los turistas, pero donde alcanza su figura definitiva es en el hombre extinguido que no se muestra.


lunes, 24 de marzo de 2025

De Colombo al secadero de pescado de Negombo


Nos despertamos con fondo de olas rompiendo en Koggala, no lejos de Galle, antes de iniciar la última jornada. El sueño del hombre, de todo hombre europeo, al que ha llegado tras siglos de guerra y de experimentar distintas formas de sumisión, es despertarse por la mañana frente al mar con el desayuno servido, frente a una lisa playa de arena, oleaje suave, vecinos amables y respetuosos de las distancias y las convenciones. Un mundo ordenado. Es el sueño que Europa desde la Ilustración ha querido convertir en universal, una conquista extensible a todo el mundo. 




Pero el mundo está desordenado. Europa está desfondada, como si pensase arrojar la toalla antes de llegar a la meta. El mundo está gobernado por los peores y el sueño ilustrado parece desvanecerse. La esperanza llega del afanoso hombre que se sacudió el colonialismo para bregar por su independencia. De momento lo que le preocupa es sobrevivir, pero va descubriendo que tampoco a él le gusta ser gobernado. 




Dedicamos el último día a visitar Colombo. Ya no es la ciudad caótica, como cuando la vi por vez primera, llena de grúas, ruido y humo. La veo más pausada, aunque quizá se deba a que hoy es domingo. Hay una autovía que la cruza y altos edificios nuevos. Se nota la inversión china en infraestructuras. Hay una isla ganada al mar para convertirla en distrito financiero. Esa dependencia se nota en la fuerte deuda contraída.




Me conformo con el tour hecho con el bus. Hace demasiado calor para volver por la tarde. Hemos pasado por delante del Museo Nacional de Colombo, que como todos los de su género da una idea de país; el Templo Gangaramaya, junto al lago Beira, aunque ya hemos visto tantos templos budistas; el nuevo parlamento; la casa del presidente y las oficinas de la administración; el paseo marítimo; 




la Plaza de la Independencia, que conmemora la independencia de 1948 con un edificio que simula un templo budista; el Old Dutch Hospital, un edificio colonial holandés convertido en centro comercial con restaurantes y tiendas; la Lotus Tower, que Lalinde asegura es la torre más alta del sur de Asia, aunque no entiendo qué quiere decir exactamente, ¿acaso Kuaka Lumpur no está en el sur de Asia? Hemos podido ver los estratos sociales distribuidos por barrios ricos, de clase media y pobres.




Por fin, una de las imágenes guardadas en mi mente del anterior viaje era la playa de arena llena de esteras en las que el pescado se había puesto a secar. Recuerdo el montón de cuervos a la entrada de la playa. Yo diría que en esta isla hay más cuervos que palomas. Entonces no había como ahora toldos cubriendo las esteras ni personas vigilando. Tan solo los peces eviscerados al sol y nadie que vigilara a los cuervos cayendo sobre el pescado. Se ha ganado en salubridad, claro está, aunque no sé en qué porcentaje, ahora la sorpresa inicial viendo el enorme secadero ya no es tan rotunda. Eso sí, la gente que se acerca para fotografíar no aguanta mucho el olor.




Junto al sacadero hay un mercado local de frutas y verduras que por su colorido hay que visitar, en la playa Wellaweediya de Negombo.


sábado, 22 de marzo de 2025

Galle

 


Amanecemos con un varano en el canal que pasamos cuando vamos a desayunar. Hemos dudado si sería un cocodrilo hasta que 'Lens' nos ha secado del apuro: un varanus salvator.




Recorremos la costa sur de la isla entre Tangalle y Galle; zona de playas y de surf, de fuertes coloniales y centro de ciudades de la época holandesa que se conservan en relativo buen estado. La costa se ha ido llenando de hoteles, casaplones privados, restaurantes y chiringuitos, junto a humildes casuchas de madera y cañas o de cemento tosco, que los locales han podido de momento conservar.




Los negocios privados y las casas de los pudientes parecen fortalezas infranqueables, con altos muros y seguridad privada. Medio ocultos por los rincones se ven seguratas aburridos y somnolientos. En las zonas más despejadas, una breve franja de manglares separa la playa de la carretera.




Antes de llegar a Galle vemos los curiosos armazones de madera sobre los que se encaramaban los pescadores tradicionales para lanzar las cañas. Ahora son una atracción turística. Los vemos saltar cuando llegamos, listos para tomar posición y propina.




Galle es una bella ciudad colonial por donde pasaron sucesivamente portugueses, holandeses e ingleses. La patina colonial, el aire decadente, le confiere el mayor encanto. Una ciudad para turistas llena de tiendas de ropa, galerías de arte y objetos de adorno. Como en Ella, se ve al turista occidental paseando por lo alto de la larga muralla, por donde en otro tiempo hubo un adarve, tomando un café o probándose un vestido.




El fuerte con cañones y vistas al Océano Índico, en su mayor parte obra de los holandeses, es patrimonio de la Unesco. El paseo por la muralla puede comenzar en el Faro, Icono de la ciudad, rodeado de palmeras, y terminar en la Torre del Reloj, ambas con magníficas vistas sobre el océano y las callejuelas del interior de la ciudad.




Tres edificios merecen la visita, la Groote Kerk holandesa, la iglesia inglesa y la mezquita. También hay un Museo Naval, el mercado de pescado y las bonitas calles del centro para comprar o pasear.




La ciudad de Galle es una de las más antiguas de Asia. Se relaciona con el puerto bíblico de Tarsis, donde supuestamente el rey Salomón obtenía marfil y pavos reales. En el se intercambiaban especias, gemas y otros bienes entre Asia y Europa, de ahí las disputas por su posición entre las metrópolis europeas.




Los portugueses llegaron a Galle a principios del siglo XVI y construyeron un pequeño fuerte llamado Santa Cruz en 1589. Los holandeses tomaron la ciudad en 1640 y transformaron el fuerte en la imponente fortaleza que hoy vemos. Entonces era el principal puerto de Ceylán. Fueron los británicos en 1796 quienes hicieron de Colombo el puerto principal.




Galle es la ciudad más bonita de la isla, la más turística. Sufrió daños durante el tsunami de 2004, pero se ha repuesto. Las playas de los alrededores son espectaculares, largas y anchas, de arena dura, limpia, no se pega demasiado a la piel. La única pega es que los hoteles se las han apropiado y son para uso de sus clientes. De noche, de frente, a unas millas, se ve una línea continua de barcas de pescadores. Si uno pasea en la casi oscuridad, puede tropezar con pescadores solitarios, junto al rompiente de las olas, que no poseen otra cosa que sedal, anzuelo y algo de cebo.

 

Reserva de Sinharaja



Recorrido de 3 horas por la selva tropical del sur ceilandés en dirección a Sinharaja. Se ven casas, casitas y puestecitos en la carretera, la mayor parte del tiempo palmeras, cocoteros y árboles de la canela y una densa vegetación cuyo nombre desconozco. Naturaleza, pues, brevemente interrumpida por el afán humano de sobrevivir, con límites difusos entre humanidad y vida, siendo la vida el principio que pone todo en marcha y la humanidad un breve parentesis. Basta este recorrido por los márgenes para comprender la fragilidad de la civilización. 




La impresión es que la selva diluye las diferencias, todas temporales, antes de que la selva vuelva a reclamar lo que es suyo, ya sea piso de asfalto, paredes de cemento madera o barro, negocio o entretenimiento. Como si riqueza y pobreza, tiranía y el sojuzgamiento fuesen breves encapsulamientos de tiempo y la naturaleza pura dinamita que no atiende a justicias o injusticias.




Los perros y los cuervos lo intuyen. No hay espacio en que no aparezca un perro caminando indolente, tendido en la carretera u oteando sobras allí donde el humano está comiendo. Los cuervos parecen más inteligentes, acechan al descuido por ver si pueden atrapar algo valioso. Dueños del aire y del suelo su presencia atemoriza al resto de aves, incluso a los perros.




Nuestro objetivo hoy es la Reserva Nacional de Sinharaja, una selva húmeda - Rainforest - con varias especies arbóreas, vegetales y fauna endémicas. El mayor problema han sido las tres horas necesarias para llegar a la reserva y otras tantas de vuelta. 




Nos hemos adentrado por un sendero estrecho en la selva. Sinharaja significa el Reino de León, aunque no hay ninguno, sí se supone que hay 15 leopardos, aunque es imposible verlos. Lo mejor de la reserva es su inaccesibilidad, no hay vehículos, y su carácter tupido, lo que, a cambio, imposibilita ver fauna.




Un guía local nos ha ido señalando lo que nosotros a simple vista no habríamos sido capaces de ver: un par de serpientes verde s, una víbora venenosa enroscada en una planta entre sombras; varios tipos de camaleones, arañas, insectos palo 




y una pareja de aves que parecían búhos, la misma forma, la misma vida nocturna, la cabeza medio escondida en las somnolencia. El día nos ha dicho su nombre en inglés, mouthfrog; Google me dice que son aves de origen australiano, que para nosotros serían podargos.



No me has visto demasiada fauna, sin embargo, el paseo ha sido agradable, no excesivamente caluroso y con suerte con la lluvia que no ha comparecido. La breve ruta acababa en una cascada y una poza para bañarse.




Echada la noche, tocaba tortugas. La costa sur ceilandesa, entre Rekawa y Tangalle, es un buen lugar para ver acercarse tortugas a la arena y ver su anidación. Y el mes de marzo precisamente el mejor. Éramos muchos, a nuestro grupo se han unido otros. A pesar de que era una actividad de pago, estaba mal organizada, ni siquiera hemos visto el desove, sí a una tortuga braceando para tapar su nido, también la eclosión de tortuguitas recién nacidas en busca del mar. Una decepción, después de haber visto todo el proceso en Guinea.