martes, 4 de agosto de 2026

La actual desdicha (vivir sin propósito)

 

 


El sentido de la vida. Durante siglos hemos utilizado este sintagma para formalizar la pregunta sobre lo que más nos inquietaba. Una pregunta filosófica o religiosa, en todo caso metafísica, una pregunta inadecuada, pues muchas de las respuestas le indicaban al inquisidor una vida más allá de la vida real. Nadie ha encontrado una respuesta definitiva, verificable.

 

Hay una pregunta más biológica, más apegada a la sustancia de la vida: tener propósito. La vida se organiza o se autoorganiza con el fin de prevalecer, mantenerse, reproducirse. No hay trascendencia aquí, sino inmanencia. Tener hijos es un propósito de la pareja cuando decide unirse y mirar hacia el futuro. La finalidad de la pareja que se une o forma un matrimonio es tener hijos. No tenerlos se suele vivir como un fracaso. Hay pues un fruto verificable en ese propósito.

 

Estas son las etapas: la crianza bajo el techo paterno, amarse para vivir juntos, obtener fruto de ese amor. Y una vez criados los hijos, la despedida del mundo, a veces en forma de ruptura de pareja, un propósito que sin embargo, una vez cumplido, sigue latiendo, de ahí que se formen segundas y terceras parejas. 

 

Toda unión humana nace con propósito. Pocas cosas más tristes que desanclar de la cabecera de WhatsApp a la persona que has amado, aquella que sabe todo de ti. Pero si queremos que las sinapsis desaparezcan de la mente, la unión casi irrompible con el recuerdo de la amada, hay que levantar esos anclajes, para acabar el duelo.

 

También hay propósitos comunitarios. El seguir juntos de una pareja tiene su correspondencia en la comunidad política: el propósito común de vivir bien. Cuando desaparece el propósito entra la segunda ley de la termodinámica, la decadencia, la desagregación, la disolución. Uno mira a Europa, mira a España, y se pregunta cuál es el propósito. Si no hay un propósito común, seguridad, bienestar y proyecto, aparecen los muertos, es decir, aquellos a los que no se ha atendido.

 

Mira qué poco se habla de los ahogados en las aguas ceutíes, ¿cuántos? Tenemos un número aproximado de los muertos en aguas españolas (90) pero no sabemos nada de los muertos en aguas marroquíes. Ya ocurrió con la valla de Melilla. También con la Dana de Valencia y el descarrilamiento te Ademuz. Sin responsables. Si el liderazgo consiste en el enriquecimiento personal y el poder un fin a sí mismo, la segunda ley de la termodinámica empieza a trabajar.

 

Parece como si yo estuviese repitiendo un programa conservador, pero es naturaleza, biología, organización frente a entropía. Es probable que la desdicha occidental tenga mucho que ver con la actual distancia de este programa biológico. Volvamos al sentido: qué sentido tiene una vida sin propósito. Qué sentido tiene una comunidad política sin propósito, es decir, sin proyecto colectivo. La Unión Europea nació con un proyecto, ahora no tiene ninguno; la actual generación de políticos españoles solo mira por su beneficio.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario