lunes, 1 de junio de 2026

La tarta del presidente vs Nuremberg

 


Tardas en comprender que el único y verdadero protagonista de la vida eres tú.

 

En La tarta del presidente la protagonista es una niña sin padres a quien cuida su abuela. Lamia, la niña de nueve años, ha recibido el encargo, por medio de una curiosa lotería, de hacer una tarta para celebrar el 50 cumpleaños del presidente Sadam. La película nos cuenta como, en medio de circunstancias hostiles, muy hostiles - el maestro que le encarga la tarta reproduce el papel del presidente en clase, la policía al servicio de la dictadura, el bombardeo de los americanos, la abuela vieja y enferma que pronto es trasladada al hospital - Lamia ha de apañárselas para aprender a vivir. Ante los peligros que le acechan, ha de buscar a alguien en quien confiar, con quien colaborar para salir adelante; lo encuentra en un niño de su edad, que ha aprendido a sobrevivir en circunstancias peores que las suyas.

 

El protagonista de Núremberg es el segundo de abordo del régimen nazi, el Reichmarshall Hermann Göring, un personaje pagado de sí mismo que, a pesar de haber sido derrotado, confía en poder dirigir la nueva Alemania posterior a la derrota nazi. Un narcisista que no es consciente de que todo ha acabado para él. 

 

La poesía de La tarta del presidente reside en su humildad: escasez de medios, protagonistas no profesionales, decorados naturales, insuficiencia técnica. La película comienza con una metáfora, la vida no se desarrolla en suelo firme: abuela y niña viven sobre una especie de balsas y casa hechas de juncos en las tierras pantanosas de Iraq. Para ir al colegio han de desplazarse sobre canoas. El resto de la película sucede en Bagdad: calles, tiendas, casas reducidas a la mínima expresión de la subsistencia. 

 


En Núremberg hay un derroche de medios técnicos y producción. También comienza con una metáfora: la guerra ha destruido la ciudad, pero la voluntad de los vencedores reconstruye el palacio de Justicia donde se han de celebrar los famosos juicios. Los actores, famosos, se esfuerzan por reproducir los tics por los que han sido contratados. El montaje está cuidado, las frases de los diálogos escogidas para que causen efecto, lo que se espera de una gran producción.

 

La vida que nos ponen continuamente delante de ojos y oídos, el escenario que ya existía antes de que nosotros apareciésemos y que seguirá después, es la de los falsos protagonistas, quienes viven a nuestra cuenta y que, como en el retablo de las maravillas cervantino, nos quieren hacer creer que el mundo es como nos lo pintan y no como es en realidad, pero solo hay un mundo verdadero, el que tú y yo compartimos con Lamia, los verdaderos protagonistas.

 

Nos roban, trazan los carriles por los que hemos de movernos y encima quieren hacernos creer que el único mundo es el que ponen ante nuestros ojos: la dictadura de Sadam, la innecesaria guerra de los americanos en Iraq (Irán), o el mar cercano, el de la ilusión cervantina que nos negamos a reconocer como tal.

 

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