jueves, 23 de abril de 2026

La vía China, Una sociedad extremadamente competitiva


Nuestro contacto con la población china es mínimo. La mayoría ni siquiera sabe que existe un país llamado España. La mayoría no parece sentir curiosidad o poca. En general, salvo cuando se producen aglomeraciones, la gente se comporta y cede del paso. No ha sido así cuando los he visto en colas de espera, indiferenciados en el avión o en cruceros en ciudades europeas.




Hemos tenido cinco guías, Armando en Pekín, Bin en Pingyao y Xi'an, Verónica en Chengdu, Li en Guilin y Zhangjiajie y Yao en Shangai. Salvando las dificultades de pronunciación, han sido guías profesionales. Sin embargo, la información que nos han dado sobre las interioridades del país ha sido escasa o nula. A preguntas concretas - las cámaras de vigilancia -, Li decía que ya lo explicaría más tarde y Yao - sobre el sistema de partido único - escurría el bulto. Lo comprendo. 




Intentar captar el espíritu chino, la esencia de China es una ilusión. China es milenaria, su extensión inabarcable. Reducirlo todo al calificativo de 'lo chino' es pereza. Podemos hacernos una imagen del paisaje, la cultura y la historia, del movimiento de los cuerpos, de las escasas sonrisas. No parece que estén a disgusto con la forma de vida China - la Nueva China de Mao es ya pasado y está dentro de lo permisible verla con ojos críticos, la Nueva Nueva China de Deng y Xi es otra cosa -, al fin y al cabo nosotros como ellos estamos pegados al móvil y consumimos y, como ellos, estamos acostumbrados a recibir estructuras ya construidas con las que comprender y organizar el mundo. Pensamos con la ración de ideas que asumimos acríticamente desde los medios de comunicación y redes sociales que frecuentamos. Somos algo más libres pero no mucho más que ellos.




¿Son infelices los chinos? No, en general no lo parece, ocupados, sumidos en su laboriosidad, como si no tuviesen tiempo para la introspección, pero vete tú a saber. Han dejado atrás una mala época: guerras terribles en la primera mitad del XX, hambre y muertes durante los experimentos maoístas, y ahora van tirando o viven - no se ve miseria en las calles, alcoholismo, drogadicción o enfermedad - según les vaya en la fiesta en esta sociedad dual que combina comunismo y capitalismo, vigilancia y consumismo.




Por lo que nos cuentan, la vida diaria es dura, los colegiales sin descanso, los empleados sin ocio; clases extras los fines de semana, competición salvaje por el empleo; dos tipos de empleo, el menos exigente (996 horas y días a la semana, según el cómputo de Yao) y el de quien quiere prosperar en la empresa (el 007 en horas y días a la semana), con total entrega, con comida y alojamiento en la empresa para no perder tiempo, y mucha bebida para resistir, para los de menos de 35 años; solo el 15% accede a la universidad mediante una serie de exámenes extenuantes; con vacaciones de 10 días al año no hay tiempo para hacer viajes largos: si te vas, quizá tu sitio haya sido ocupado cuando vuelvas.




He podido hablar un poco con la guía que nos han puesto el último día en Pekin. Una chica joven, Emma, preocupada porque es muy difícil complacer a los padres en su expectativa de un buen matrimonio. Casarse después de los 30 se considera un fracaso. En la fiesta de primavera se alquilan novios para engañar a los padres. En las ciudades hay un lugar y un día al que denominan mercado de solteros. Los gays lo tienen difícil o imposible. Las chicas esperan ser escogidas. Los chicos están obsesionados con comprar un piso y un coche para ofrecérselo a la novia como dote. Una vida entregada al trabajo y a las expectativas. Se sorprende que podamos viajar tanto y que tengamos dinero disponible. Me cuenta que sus padres no viajan, ni siquiera por el interior de China. Su magra pensión, el equivalente a 150 €, no da para ello. 




Ayer volviendo al hotel nos paró la policía para controlar el ID. Le comento la insoportable vigilancia en una ciudad como Pekin, incomparable con cualquier otra. Me dice que es habitual que en las estaciones de metro se formen interminables colas para el control aleatorio del ID. Me pregunta,con interés genuino, cuál de todas las ciudades que he visitado me ha gustado más. Guilin, le digo, Pingyao, Xi'an, Zhangjiajie, cualquiera menos Pekín.


Hay una cosa más que me comenta. Los exámenes para funcionarios. Un par de amigos suyos han sido rechazados. Tras los exámenes normales para los que han de estudiar mucho - ser excelentes en todo -, hay un examen más con máquina de la verdad no de por medio, donde no pueden mentir. Es ahí donde sus amigos, uno gay, han sido rechazados.




China es como un nuevo Imperio romano, tecnología en marcha: infraestructuras admirables, modernización, vida fácil para la creciente y amplia clase media (desconozco qué porcentaje, si es un 50%, como he leído, serían 750 millones que iría de ingresos anuales entre 60,000 y 500,000 yuanes (aprox. de 8,300 a 70,000 $). Hay unos 12 millones de millonarios y 1,110 multimillonarios. Hay una vida que no conocemos: cómo funcionan la sanidad y la educación, ¿hay igualdad de oportunidades?, ¿se combate la corrupción de los privilegiados? ¿Cómo se solventan las enormes desigualdades?


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