Mi primera impresión. Como en cualquier realidad, hay tres chinas. La que ves, la que imaginas y la real, que existe más allá de tu percepción. China es una potencia tecnológica, una maravilla de los procesos ingenieriles que nos dejó atónitos durante los juegos Olímpicos. El mundo maravillado y rendido. Lo que se ve en la calle es otra cosa. Chinos en movimiento. Todo el mundo parece tener un empleo, algo que hacer, una misión, un trabajo que hacer, una encomienda. ¿Qué calidad tiene ese trabajo? ¿Qué grado de satisfacción para ellos? Esa es la cuestión.
Aunque todo se mueve, hay un montón de gente que no hace nada. Policías, agentes de seguridad muchos. Nuestra experiencia: una maleta perdida al salir del avión. Reclamación en la oficina correspondiente: un montón de empleados que no saben qué hacer, redactan un justificante, un resguardo de la reclamación, con carácteres chinos, ocupando un quinto del folio en blanco, que traducido carece de sentido. Tienen ordenadores y una fotocopiadora bien visible que a duras penas saben utilizar. Dos horas esperando a ver si aparece la maleta y haciendo un reclamación que parece no tener sentido.
Pekín no es la ciudad que imaginabas. Hay un decorado de la China clásica y un montón de edificios que alguna vez fueron nuevos y ahora están destartalados, desconchados, despintados. Y zonas, incluso en el centro, de callejuelas de ladrillo oscuro con casas minúsculas, mal acondicionadas, motos y bicis por doquier. Luego a lo lejos como rodeando el centro, un cinturón de rascacielos de cristal y acero, de menhires erectos.
Todo está lleno de cámaras y prohibiciones de paso. El tráfico parece ordenado, dentro de un cierto caos, que no respetan las bicis y motos cuyo código los occidentales no entendamos. Dentro de la uniformidad, los chinos intentan algún elemento diferenciador, aunque son diferencias grises, oscuras poco llamativas, salvo los visitantes de provincias que durante el día o los días que están en la capital se visten con las pseudolujosas vestimentas de la China imperial. Los conductores de motos llevan una especie de bata de boatiné por delante para protegerse del frío.
La impresión general es la de colmena. Un movimiento incesante, caótico pero que responde a un plan ordenado, la dinámica del hormiguero en un urbanismo de colmena.




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