jueves 31 de marzo de 2011

Héroes y villanos en el centro de África

Cuando el dentista irlandés de Belfast John Dunlop ideó unas ruedas de goma con cámara de aire para que el triciclo de su hijo tuviese una cómoda suspensión no podía saber el infierno que iba a desatar en el centro de África por la codicia de un hombre que quería extraer la mayor cantidad de látex posible. Dunlop en seguida supo que las ruedas de goma podían ser un gran negocio. Abrió una fábrica de neumáticos de caucho y demandó látex, todo el látex del mundo. El látex estaba en el corazón de África, el África donde Victor Hugo había mandado a los jóvenes europeos: "¡Id pueblos! Dios ofrece África a Europa. ¡Tomadla!".

Leopoldo II de Bélgica, a quien las potencias le habían concedido un trozo de África del tamaño de Europa para su disfrute personal organizó un sistema de extracción del caucho que consistía en la explotación inmisericorde de la mano de obra nativa. Estableció cuotas y para que las entregasen a tiempo los soldados del ejército belga secuestraban a las mujeres y niños de los nativos; si no cumplían les cortaba las manos, a unos y a otros, y les sometía a una violencia inaudita. Se calcula que entre los asesinatos, el hambre y malos tratos y las enfermedades derivadas perdieron la vida 10 millones de congoleños entre 1885 y 1908. Un genocidio mayor que el del propio Hitler. Leopoldo II obtuvo una fortuna inmensa, haciendo correr con los gastos de su aventura colonial al Estado belga y cuando el caucho empezó a dejar de ser rentable vendió ese pedazo de África a los belgas. Un historiador belga, Jean Stengers ha calculado que el rey obtuvo sesenta millones de francos y venticinco más por la venta a su país, pero la administración, el transporte y la defensa ante el mundo de esa supuesta colonia civilizadora le costaron a él y a Bélgica doscientos diez millones. Es decir unas pérdidas netas de 126 millones. Construyó palacios, estatuas, avenidas con su nombre y villas en el sur de Francia a la altura de su ambición y de su desprecio por el género humano. Para contrarrestar sus campañas Leopoldo II se gastó cantidades ingentes contratando a periodistas y políticos para que proclamaran su papel benefactor. Logró, por ejemplo que el National-Zeitung de Berlín que le llamaba "ese comerciante sin escrúpulos que vive en el palacio de Bruselas" cambiase de bando y ridiculizase como "cuentos de viejas" los informes sobre las atrocidades. Leopoldo II, un gran hipocondriaco, falleció al año siguiente de venderle el Congo a sus súbditos belgas.


En esta historia de villanos, Leopoldo y sus esbirros, también hay héroes. De Roger Casement, que como agente diplomático del imperio británico, y luego independentista irlandés contra quien le empleaba y pagaba, ha escrito Vargas Llosa en su novela El sueño del celta. Pero otros antes y después de él escribieron y agitaron la sociedad de la época contra ese espanto. Conrad escribió El corazón de las tinieblas y Octave Mirbeau, El caucho rojo. Pero quien más luchó y durante más largo tiempo fue el periodista inglés Edmund Deen Morel que siendo agente de una naviera descubrió que a cambio del caucho que llegaba a Europa no se enviaban contrapartidas, sino sólo armas. Inició campañas en los periódicos, fundó el suyo propio, creo una asociación, la Congo Reform Association, asociación que podría considerarse como la primera ONG de la historia, para recoger fonfos y reparar los dañosy luchar contra el Estado Libre del Congo, demostrando que no era el Estado filantrópico que los muchos defensores bien pagados del rey de los belgas hacían creer, sino una gran empresa privada organizada como sistema de explotación esclavista.

miércoles 30 de marzo de 2011

"No hay zar, no hay Dios!"



Es conocida la anotación que Franz Kafka hizo en su diario personal de el 28 de julio de1914:
"Hoy ha estallado la guerra, por la tarde he ido a la piscina".
Es menos conocida la del zar Nicolás II el Domingo Sangriento en San Petersburgo, 22 de enero de 1905, cuando la Guardia Imperial cargó contra una multitud de trabajadores pacíficos que acudieron a las puertas del Palacio de Invierno para entregar al zar una carta pidiendo mejores condiciones laborales. Conducidos por el padre Gapón los manifestantes portaban iconos religiosos, además de retratos del zar. La Guardia cargó sin piedad, murieron más de mil manifestantes y otros cinco mil resultaron heridos. El padre Gapón, quebrada su buena fe, gritó: "No hay zar, no hay Dios!". Fue el grito que inició la revolución de 1905, el preludio de una sucesión de desastres y la descomposición del imperio.

Esta es la anotación de Nicolás II en su diario:
"Un día terrible. Las tropas tuvieron que disparar en muchos lugares de la ciudad y hubo muchos muertos y heridos. Dios, qué doloroso y terrible. Mamá vino a misa directamente de la ciudad. Almorzamos juntos. Un paseo para Misha. Mamá se queda a pasar la noche con nosotros."

martes 29 de marzo de 2011

La Mosquitera

La mosquitera es una película inhóspita. Una vez que el espectador ha entrado en ella, lo que quiere es salir cuanto antes. El cine español desde hace muchos años está con la respiración asistida por un Estado que generosamente le financia productos que en otras empresas no habrían superado las pruebas iniciales de funcionalidad. Sólo del cine catalán llegan buenas noticias. El año pasado produjo, desde mi punto de vista la mejor peli del año, Tres días en familia. Este año le ha tocado el turno a esta como digo inhóspita La Mosquitera del casi debutante Agustí Vila. Y son buenas porque describen con valentía una sociedad podrida generada por el encuentro entre una comunidad adormecida por la abundancia y una ideología que cada mañana le dice ante el espejo lo buena que es y lo malos que son aquellos que están muy lejos. Barcelona, más que Cataluña y esta más que España, es la avanzadilla de esa sociedad descrita para Europa por los cineastas daneses, algunas pelis francesas y alguna rara sorpresa como la griega Canino. Películas que son el negativo de lo que el cine español ha sido durante estos años de hierro y que aún se prolonga en el subgénero de esas bonitas pelis argentinas que tanto encandilan. Si estos cineastas son tan valientes es porque el olor putrefacto lo tienen cerca. No sólo en Lars von Trier o en Thomas Vinterberg tienen el modelo, quizá están más cerca del viejo Buñuel.

A la peli se le nota el presupuesto escaso. A lo que se ve, no han tenido tiempo ni dinero para hacer un buen casting; salvo los dos actores principales y el viejo Fermí Reixach, que no han temido mostrarse desmaquillados y hasta desastrados, los demás naufragan lamentablemente, pero aún así la idea es tan buena, lo que nos muestran es tan desagradable, lo que sugiere cada escena o cada diálogo parece tan veraz, el desastre que anuncian es tan verosímil, que uno quiere que aquello acabe cuanto antes. No sólo la idea y Emma Suárez son buenos, hay otros elementos que ayudan a generar desasosiego, el encuadre estático que fija los personajes y objetos, fatalmente inmóviles ante la inminente catástrofe que se avecina, los diálogos que no dicen más de lo necesario, el decorado adusto. Una peli pues para mirar de frente la sociedad en la que vivimos, es decir, para pasarlo mal.

lunes 28 de marzo de 2011

San Salvador de Oña

No es apetecible caminar bajo la lluvia, aunque hacerlo por los senderos de montaña invita al silencio y a la introspección. Bajo la lluvia el bosque brumoso se convierte en un paisaje interior. Ha llovido toda la noche, a ratos con el sonido metálico de las gotas rotas sobre la barandilla, y lo hace al salir de casa. Sin embargo, puestos a caminar, el cielo gris de nubes andarinas se ha mostrado respetuoso. Al final del día, de vuelta a casa, la lluvia volvía dejar regueros sinuosos en la lámina de cristal del autocar. Y ha seguido durante la noche y la mañana de este domingo en que nos han robado una hora de sueño.
En la autopista frente a Burgos, en dirección a Briviesca, la Cartuja asoma en un promontorio de pinos. El manto gris se deshilacha con luminosas trasparencias hacia el este. Briviesca desfila ante nuestros ojos legañosos; plátanos desmochados y una sucesión de espléndidas casas neomoriscas en lamentable estado.


A medida que ascendemos por una pista amplia y cascajosa vamos dejando a nuestros pies el monasterio de San Salvador de Oña, en el centro de una cubeta que los arroyos han ido excavando. Estamos en el parque natural de los Montes Obarenes, un territorio de 33.000 hectáreas que abarca 17 municipios. El paisaje es espectacular, la gran plasticidad del terreno, los cañones que se abren paso arrastrando las margas hasta la cubeta, los cortados calcáreos que resisten el desgaste, los sinclinales formando figuras imposibles, una variedad geomorfológica en un espacio relativamente pequeño.
Estamos en el centro de los Montes Obarenes. El bosque mediterráneo se va desplegando ante nuestros ojos, encinas y pinos, resinero y silvestre, quejigos, coscoja, madroños, acebos y brezo, y a medida que vamos ascendiendo, en el sotobosque va ganando cada vez más espacio el enebro rastrero y el boj. Bordeando el camino aparecen las flores amarillas de las prímulas y los capullos cerrados del eléboro.



Abajo en el valle, al oeste de Oña, aparecen los caserones medievales de Tamayo, algunos abandonados y otros en restauración, restos de un tiempo próspero, unido al cultivo de viñedos, anterior a la plaga de la filoxera.

A 1200 metros, la subida mayor del día, el boj domina una ancha extensión hasta constituirse en bujedo, nombre que recibe el bosque de boj. Estamos en la Mesa de Oña, un altiplano desde el que se domina en toda su extensión la comarca de la Bureba. En un extremo el monte cae a pico sobre la meseta, el viento frío azota de cara, un numeroso grupo de buitres leonados planea sobre nuestras cabezas.


La segunda excursión del día rodea un gran espacio, siguiendo el interior de la valla, a veces muralla, de lo que fue la huerta del monasterio. Árboles exóticos como una joven secuoya de 75 años, pinsapos de más de 300 traídos del sur, que con el tiempo colonizarán la zona, tejos; la ermita de Santo Toribio, un eremitorio del siglo VIII, bastante bien conservado, de los muchos que hubo en la zona aprovechando las cuevas calcáreas y que fueron el origen del monasterio; estanques de producción piscícola, todo ello restos de los afanes de otros siglos para quienes este lugar significaba mucho más que para nosotros, vida para ellos, nostalgia arqueológica o histórica para nosotros.


El Monasterio de Oña es un conjunto de edificaciones, todavía en un buen estado relativo de conservación a pesar de los contratiempos que la historia le ha infligido, que permiten decir que Oña es un Monasterio con casas más que un pueblo con monasterio. Ligado a los condes fundadores de Castilla y al gran rey navarro Sancho III el Mayor, ha pasado por muchas vicisitudes desde su fundación en el 1011 hasta el pillaje a que fue sometido por el príncipe negro, de la desamortización y abandono obligado de 1835 a sede universitaria de los jesuitas antes de que estos se trasladaran a Deusto.


Este año se está celebrando su milenario, con mucha pena y poca gloria. En la actualidad la propiedad se la reparten el arzobispado y la diputación de Burgos que la dedica a centro psiquiátrico y residencia de ancianos. De la Iglesia se adivinan sus joyas artísticas, pues está en proceso de restauración antes de que sea sede de las Edades del hombre el año que viene. Castilla tiene tan enorme patrimonio como escasos recursos para mantenerlo en pie.

domingo 27 de marzo de 2011

Un velo de hastío


Durante muchos años he preservado los suplementos de literatura de los periódicos. Cada sábado leía la edición normal, siempre que podía en la mesa de una cafetería, y luego buscaba un rincón tranquilo y silencioso para sumergirme en el mundo de las novedades literarias y de los chismes de escritores. Creí que al igual que yo todo el mundo miraba desde la falda del Olimpo a esos personajes que tenían el don de la palabra y vivían arrebatados por la gracia. He pertenecido a un club literario, he acudido a conferencias de escritores famosos, me he acercado a alguno de ellos con una emoción que me hacía tartamudear y por el hecho de leer y de amar la literatura he pensado que yo tenía algo de interesante que no tenían quienes vivían sin ese interés. También yo hice mis pinitos: escribía poesía y compuse algunas novelas. Un velo de de hastío me separa hoy de ese mundo. Escribe Muñoz Molina, no es bueno admirar en exceso a casi nadie y tambien, no es bueno amar demasiado la literatura, o el arte.

Da cuenta el periódico con gran aparato de que se publica un imponente libro de más de 1200 páginas sobre los autores españoles de los últimos setenta años. Repaso los nombres y reconozco que la mayor parte de ellos me aburrieron, a algunos los dejé a mitad de lectura después de ímprobos esfuerzos por acabar animado por mi fe en la literatura y sólo en algunas ocasiones me hicieron pasar un buen rato. Con el tiempo he afirmado mi libertad para apreciar más a autores extranjeros que a españoles, a disfrutar más con el ensayo que con la novela y a seleccionar lo que leo dejándome llevar más por mi propio gusto que por el que me imponen los suplementos literarios. Uso como veletas autores de los que me fío, algún amigo, libros que me llevan a otros libros. Como señala Alberto Manguel, la literatura española ha tenido y sigue teniendo poco aprecio en el resto del mundo. La mayor parte de aquellos que durante décadas vivieron encumbrados son hoy pasto del olvido.

viernes 25 de marzo de 2011

Downton Abbey


Los ingleses han sido unos maestros del lenguaje televiso del siglo XX, ágiles, modernos, limpios. Todo el mundo guarda recuerdo de los reportajes de la BBC, de las series de la ITV y del Channel Four, de sus películas, por ejemplo de ese El discurso del rey que ha ganado un óscar. Pero, tan cerca del óscar y tan lejanos de la realidad. Ahora, su lenguaje es viejo, caduco, del siglo pasado. No hace falta más que ver esa serie que están pasando en Antena 3, Downton Abbey, tan pulidita, tan bien planchadita. No sólo su lenguaje se ha quedado viejo, es que sus temas van a buscarlos lejos, un siglo más atrás todavía. Se han quedado, en cuanto a temas se refiere, en Dickens, en las Bronte, en Austen y aún éstos presentaban los temas de un modo más polémico, más veraz. Ya no hay acidez, ni violencia, no aparecen los estragos de las diferencias sociales. En Downton Abbey, vuelve a aparecer el ya clásico inglés, escaleras arriba y escaleras abajo, los señores y los criados, personajes más buenos que el pan y malvados retorcidos y cuando se cae en el pecado siempre se abren vías de redención. Una sociedad muerta. Paisajes espléndidos, interiores nobles, sucesos nimios que desatan sentimientos, algo de cambio para mostrar el contexto de la época, los prolegómenos de la Gran Guerra y unos actores -cómo no habrían de ser magníficos si son ingleses- representando roles sociales inmutables, de un conservadurismo que da grima. ¿Todo eso es lo que da de sí la vieja cultura inglesa? No, claro que no, hay autores capaces de hacer ver el resentimiento, el sarcasmo y hasta la frivolidad, aunque todo eso no deje ser síntoma de decadencia. Como en el resto de Europa, salvo algunas buenas películas francesas. No es extraño que la serie le guste a Esperanza Aguirre: cada cual en su puesto, con su trabajo bien hecho, su rol social, su responsabilidad, una sociedad ordenada. Respeto esa opción política, pero a mí me gusta añadir a la igualdad de oportunidades, la pelea por disminuir la desigualdad social.

La vida real siempre es más instructiva que la ficción y por supuesto más veraz. En  la misma época en que se sitúa la acción de la serie, la aristocracia europea se sumía por el desagüe de la historia. La tierra dejó de ser una fuente de ganancias y de placer, como hace decir Oscar Wilde a uno de sus personjes. A la caída en picado de ingresos se unió el pago de impuestos de los que antes estaban eximidos. En 1905 Gran Bretaña importaba el 60% de los alimentos y el 80% de los cereales. La tierra dejó de ser un valor seguro. Sólo los que pudieron unir su rancio abolengo a la riqueza de los nuevos ricos burgueses pudieron sobrevivir durante un tiempo. Eso sí se ve en la serie.
Por ejemplo, un refinado conde francés, Boni de Castellane se casó con una norteamericana rica, Anna Gould, pero el conde, acostumbrado a un dispendio descontrolado, como la construcción de un espléndido palacio rosa en el centro de París, quiso seguir con su irresponsable vida de aristócrata. Pero cuando la esposa, percatándose de que se quedaba sin patrimonio en un abrir y cerrar de ojos, se divorció de él, el conde murió en la miseria, no sin antes escribir L'art d'être pauvre. Lo cuenta Philipp Blom en El vértigo de los días.
En Rusia, tras la emancipación de los siervos en 1861, las tierras se quedaron sin manos que las trabajasen y la aristocracia se fue desintegrando por su incapacidad para adaptarse a la nueva vida burguesa. Fueron excepciones muy raras los que aprendieron a cultivar y a producir para el mercado, lo más normal fue ir vendiendo poco a poco sus posesiones hasta hacer de su ruina el último signo de ostentación.
"Si se me permite utilizar un ejemplo doméstico, en la vida el cambio puede detectarse en el carácter de la cocinera. La cocinera victoriana vivía como un Leviatán en las profundidades, formidable, callada, oscura, inescrutable; en cambio, la cocinera de la época georgiana es una criatura solar y gusta del aire fresco: entra y sale del salón, ero no para tomar prestado el Daily Herald, sino para pedir consejo acerca de un sombrero. ¿Se necesita un ejemplo más solemne del poder de la especie humana para transformarse? (...) Todas las relaciones humanas han cambiado..., las relaciones entre amos y sirvientes, entre maridos y esposas, entre padres e hijos. Y cuando las relaciones humanas cambian, se produce a la vez un cambio en la religión, en e comportamiento, en la política y en la literatura". (Virginia Woolf situaba ese cambio en 1910, la fecha en que se sitúa la serie) .

miércoles 23 de marzo de 2011

Las mujeres son menos aburridas que los hombres

Yasmina Reza, una mujer inteligente:
La sensación de no ser de ninguna parte, que yo he padecido, es a la vez una suerte, porque no se arrastra un pasado, pero conduce a la soledad.
La gente que no ha sido muy feliz en la infancia tiene más armas. Los que han vivido una infancia feliz arrastran para siempre una nostalgia del paraíso.
La frivolidad nos salva. Y por eso, muchas veces, las mujeres son menos aburridas que los hombres. Las mujeres pueden hablar de la muerte y dos segundos después del color de un vestido y las dos cosas forman parte de la vida. Eso es una forma de inteligencia.
No son hombres fuertes [los políticos], como los hombres de negocios, los médicos o los generales, por ejemplo. Buscan serlo, pero no lo son. Se parecen más a los actores, son personas heridas. Por eso eligen esa vida, como los actores que buscan la gloria. La gente que persigue cosas así, la gloria o gobernar, es porque arrastran alguna herida. Eso lo he visto con mis propios ojos. Además, necesitan estar todo el tiempo en movimiento. No viven una vida de verdad, no perciben el tiempo, huyen de él.

Más ejemplos de humillación pública

Cuando el vicepresidente del gobierno, señor Rubalcaba, responde al diputado que le pregunta por el caso Faisán de forma tan despectiva, tan prepotente, y tan insultante al situarlo en la extrema derecha, -"¿Qué haría usted sin mí y sin el caso los miércoles? Es como la canción de Amaral: Sin ti no soy nada"-, lo hace porque desde su única posición de poder puede hacerlo: en el turno de réplicas tiene la última palabra; el diputado ya no puede defenderse; además tiene un montón de medios públicos -no tengo en cuenta los privados- que le bailan el agua y amplifican sus palabras. Y lo hace para no tener que responder a lo que se le pregunta. Un político que es un representante del pueblo, elegido en elecciones y con tal poder no puede permitirse el lujo de actuar de esa forma.

Nos humillan nuestros gobernantes y humillan a los pueblos árabes cuando atacan a Libia y dicen todas esas palabras sobre la democracia, porque al mismo tiempo no atacan a otros regímenes tiránicos de la región que con parecida saña desprecian o cargan y matan a su gente: Yemen, Siria, Bahrein, Arabia Saudí.

Nos humillan los diputados del Congreso cuando rechazan una proposición de ley que permitiría saldar la deuda hipotecaria con la entrega del piso; es una humillación porque al mismo tiempo se rescata a bancos, cajas e inmobiliarias que han vivido a costa de inflar los precios de los pisos durante estos últimos años.

martes 22 de marzo de 2011

Una sociedad decente es aquella cuyas instituciones no humillan al ciudadano


1. Una sociedad decente es aquella cuyas instituciones no humillan a ningún ciudadano, es decir no lesionan el respeto que se tienen a sí mismos ni excluyen a ninguna minoría moralmente legítima. "El paternalismo, que pretende hablar en nombre de los verdaderos intereses de las personas, es especialmente humillante, en cuanto las trata como si fueran seres inmaduros". (Avishai Margalit, en La sociedad decente (Paidós).

2.  "Decidí quedarme en la enseñanza porque se aprende cada día. Me encanta el conocimiento". (Londa Schiebinger, catedrática de Historia de la Ciencia de la Universidad de Stanford).

3. El discurso, hasta hoy, era que los árabes no nos merecemos democracias, porque en el fondo somos una mierda. El mundo árabe sigue bajo las botas de regímenes brutales. La revolución tiene algo misterioso: llega un momento en el que el miedo se disipa. Está sucediendo ahora. Es una vergüenza para Europa y Occidente, que nos daban lecciones de democracia mientras se llevaban de maravilla con los dictadores más sangrientos, como Gadafi. (Elias Khoury, escritor libanés).

4. "Me siento diferente porque no encajo bien en la sociedad, soy un verdadero nómada, no tengo ni un amigo y me gusta estar solo. Estoy casado con una maravillosa mujer colombiana. Pero no tengo amistades. Solía tenerlas, pero ya no. Me temo que soy un poquito outsider. No salgo con actores, no tengo un solo actor que sea mi amigo. Prefiero estar solo". (Anthony Hopkins, actor).

5. "Hoy somos conscientes de que el lastre más pesado que arrastramos son los partidos políticos, totalmente desconectados de los ciudadanos. Ha quedado bien claro su papel en el deterioro de las instituciones, desde los Parlamentos, las universidades, a la justicia y al Poder Judicial". (Ignacio Sotelo).

lunes 21 de marzo de 2011

Entre Valsurbio y Camporredondo, Palencia


Aunque haya algún estudio que señala que escuchar la música favorita cumple la misma función que un buen ejercicio aeróbico, esto es, mejorar la circulación coronaria (qué universidad podría avalarlo, sino la de Liverpool), quién, viendo este día de marzo, tan espléndido, lo dejaría escapar quedándose en casa. Cielo limpio, azul sin mácula, ni una brizna de viento en la atmósfera.
Comenzamos en el Santuario del Brezo, una ermita que guarda una virgen de talla románica, aunque la devoción a juzgar por el edificio es neoclásica. 



Tras los días de lluvia que hemos dejado atrás, a la tierra le desborda la energía contenida. Aún hay caminos embarrados, algunos charcos y en la umbría, cuando comenzamos las pequeñas ascensiones, la nieve endurecida y el hielo se resisten a deshacerse en agua. Pero las ramas de los árboles están llenas de yemas a punto de estallar.
Dejando a nuestra izquierda el Cueto Palomo, continuando hacia arriba, unos cuantos kilómetros más allá, llegamos hasta un refugio, llamado del Cristo del Valle, en muy buen estado.


Siguiendo por una pista llegamos a un pueblo fantasmal, abandonado en los años setenta, Valsurbio, el de mayor altitud de Palencia, del que apenas se mantiene en pie la espadaña de la iglesia y algunas paredes de sillares desnudos carcomidos por la humedad. El lugar, cuando la vida lo habitó, no debió ser especialmente duro para sus gentes, protegido por un microclima que animaba la floración de serbales, almendros y cerezos, fresnos, manzanos y guindales. El topónimo es una contracción de valle de los serbales. Lo que resta de las casas de piedra indica que no se vivió mal aquí si tenían tiempo para construir sus casas con tanto esmero.


Cómo sería la vida de sus antiguos moradores, ¿serían sus días tristes o alegres, cantaban o se llevaban tan mal como suele ocurrir en la vida de los pueblos?, ¿qué hacían en Valsurbio el día de su fiesta, ese día de las nieves, tan evocador? Oculto entre la maleza, apenas protegido por una valla de madera, alguien se resiste a dar por perdido el pueblo; un antiguo poblador o acaso un descendiente viene de vez en cuando por aquí para dar testimonio de que en otro tiempo este fue un lugar habitado.


Camporredondo, Valsurbio, Valcorbero ha sido tierra de grandes nevadas y heladas, de muchos días incomunicados, tierra de lobos que bajaban a los pueblos para atacar a los perros y a las ovejas, no es extraño que la gente se siga yendo para encontrar parajes más amables. Aún se ven mastines en la zona, criados para enfrentarse a los lobos.


Seguimos por la Sierra del Brezo y por la pista vamos descendiendo hacia Camporredondo. Enseguida avizoramos el Curavacas, una de las alturas de las Fuentes Carrionas de la montaña palentina, los tres picos gemelos que a lo largo de la mañana por el camino ondulante que seguimos son servirán de punto de referencia.


Dejamos la pista y entramos en una pradera llena de escorrentías que brotan en cualquier lugar, hasta que al fondo a la izquierda aparece el pantano de Camporredondo y en frente el Espigüete.


Una vista que dispone los elementos para componer una postal: el pantano, Alba de los Cardaños y arriba el Espigüete que hoy parece esculpido por un impresionista que quisiese destacar sus facetas brillantes y oscuras cargadas de nieve, al sol o sombreadas.
Aquí se puede ver el álbum de la excursión.

Al final de la tarde una luna enorme, anaranjada, la superluna en su perigeo, se eleva en el horizonte, nunca la he visto más cercana, nunca su cara iluminada se ha asemejado tanto a un rostro con ganas de parlamentar, tan cercana que en algún lugar de la tierra algún hombre ha podido levantar el brazo y en  atusar su barbilla. A medida que autocar se acercaba a su destino la luna ascendía y palidecía, adoptando su habitual pose distante.

domingo 20 de marzo de 2011

"Alemania se destruye"


No se trata de cambiar urgentemente las políticas de inmigración, como demanda Thilo Sarrazin, el exdirectivo del Bundesbank, de confesión socialdemócrata, que se ha hecho rico con su libro Deutschland schafft sich ab (algo así como "Alemania se destruye"), no, lo que hay que cambiar son las políticas educativas y, en consecuencia, la igualdad de oportunidades. Los inmigrantes musulmanes son menos inteligentes y se integran peor, pero tienen más hijos y esto lleva a Alemania hacia la destrucción, sostiene y 1.200.000 alemanes corren a las librerías a hacerse con su libro, lo que indica que están preocupados y atemorizados. Si dice cosas como esta
"La integración requiere un esfuerzo por parte de quienes se tienen que integrar. Yo no respeto a quien no quiera hacer este esfuerzo. No tengo por qué reconocer a quienes viven de las ayudas públicas, pero niegan la autoridad del Estado que las otorga, no educan a sus hijos y producen constantemente más niñas con velo. Esto vale para el 70% de la población turca y el 90% de la población árabe en Berlín",
es lógico que tenga audiencia. También ha dicho que "Judíos y vascos tienen genes que les diferencian".

Pero no se trata de turcos o magrebíes y su difencia genética, no se trata de inmigración, ni de ayudas estatales como él plantea, sino más bien de diferencias sociales y culturales. A un hombre turco o a una mujer tunecina les separa de un hombre alemán o de una mujer alemana un siglo de laicización y unos miles de euros en la nómina. Es una cuestión de tiempo y de educación, hace falta creer en la educación, así como en el efecto que produce tener un trabajo decente, ganar más dinero y vivir mejor. El error de Thilo Sarrazin como señala el ex canciller alemán Helmut Schmidt es éste:
"Encuentro absolutamente equivocado el hecho de mezclar las tradiciones civilizadoras de otros pueblos con la herencia genética".

viernes 18 de marzo de 2011

Breves

1. Cuando alaban el buen comportamiento de los japonenes que no salen en desbandada de las ciudades para ponerse a resguardo, ni se pelean por acaparar alimentos, ni se rebelan contra su gobierno y sus mentirosas empresas nucleares ("Tokio elevó ayer retrospectivamente la clasificación de la crisis atómica de nivel 4 -"accidente con consecuencias de alcance local"- a nivel 5 -"accidente con consecuencias de mayor alcance"), en realidad lo que nuestras élites politico-periodísticas están mostrando es su desazón por no tener una ciudadanía que como la japonesa acepte sumisamente la servidumbre.

2. Nuestras dirigentes políticos disfrazan de virtuosismo ("Si se le permite seguir como hasta ahora -dice Obama- cometerá sin duda atrocidades contra su gente") lo que es mero interés económico, el acceso a las preciadas fuentes energéticas libias, de otro modo no hubieran dejado que Gadafi ("Libia dispone de 394 aviones militares, la mayoría rusos y franceses") y sus mercenarios hubieran actuado como lo han hecho durante estos días.


3. La presente sobreactuación de ZP ("La comunidad internacional no se va a dejar engañar por Gadafi") en el asunto libio muestra con meridiana claridad cómo se hubiera comportado, si hubiese sido presidente de gobierno cuando lo de la guerra de Iraq y cómo el "no a la guerra" fue una enorme, gratuita y efectiva campaña electoral.

4. En España tenemos el doble de potencia eléctrica de la que necesitamos, las centrales eléctricas trabajan a medio gas. Hay instalados unos 80 Gw de potencia, de los cuales, en los días mas fríos del invierno, o más cálidos del verano, utilizamos algo menos de 40. La energía nuclear es algo antiguo, obsoleto como el carbón, el gas y el petróleo.

5. El gobierno subvenciona al cine español con más dinero del que éste recauda en taquilla. Exactamente 87 millones frente a 80,3. ¿Por qué tienen que pagar los españoles, incluidos los que no van al cine o los que no ven películas españolas, por una industria cuyos productos no les satisfacen? ¿Por qué esa industria tiene que estar privilegiada frente a las demás?

jueves 17 de marzo de 2011

Rimbaud el hijo


Si la obra, el resultado, el objeto literario que admiramos es fruto de un don que la lengua otorga a quien quiere, cuando quiere y donde quiere, ¿qué sentido tiene perseguir a los testigos en los que como espejo fugaz se reflejó el hombre que recibió el don? Y es así como procedemos no los biógrafos, sino los lectores y los oyentes, cuando quedamos a solas escuchando al autor. No nos conformamos, al menos sobrepasada la edad en que podemos ser tocados, con pasar por el oído y la boca las palabras verdaderas, queremos saber el momento y la génesis y también la pérdida del hombre que era igual a nosotros, dejó de serlo, volvió a serlo y se perdió, es decir, dejó de ser un igual a nosotros para ser peor que nosotros, para ser nada.

Pero para ser nada antes tuvo que crecer, ser hijo de una madre opresiva, puntillosa, enfermiza, como caulquier madre y de un padre huidizo, agigantado y derribado, y derribado el padre, pero no el espectro de la madre que sigue ahí, en el fondo del pozo, vigilante, hay que entregarse a una manía, como rimar en doce pies, ser artista, entregarse a la cantarela de la rima, pulsar la cuerda como hicieron los maestros antiguos, Virgilio y Hugo, o Villon y Racine, y hacerlo mejor que los profesores, dedicados a enseñar con el secreto designio de ser tocados por la gracia, sabedores de que no van a ser tocados por la gracia, recelosos de los jóvenes que tienen sentados en las mesas, que pueden enseñar un borrador que aniquile sus propios encadenados, trabajados versos, no aceptar maestros, pues, si acaso uno lejano y viejo que acepte implantar el esqueje de la poesía y así ser proclamado cómo único, como la poesía, la poesía encarnada, pues nadie, ningún coetáneo puede estar por encima, ni ser su igual, el poeta es único.

La madre, el padre, los maestros, los poetas coronados, los compañeros, uno mismo, porque uno mismo también pasa. El verbo que sopla donde quiere se va o deja de soplar y el propio poeta que durante un momento escribió la verdad y fijó el sentido se ve de pronto desposeído y aunque pulse la cuerda y las palabras formen versos éstos ya no llevan consigo la verdad. El hijo como todo artista seguirá siendo hijo, pero no quiere ser maestro de sí mismo, así que huye, se va allende los mares y busca el brillo del oro en otros lugares y negocios, no quiere ser un poeta enfurruñado, a la espera, en un café lleno de poetas enfurruñados a la espera.

A los biógrafos y a los lectores no nos basta, digo, con leer los vesos donde la lengua alcanzó la verdad, a veces dejamos de lado esas palabras y miramos de frente el pelo arrebolado, los ojos claros, la pose segura y altiva de ese muchacho de dicisiete años al que admiramos y envidiamos por haber poseído la belleza y el don.

Así en Rimbaud el hijo, de Pierre Michon.

miércoles 16 de marzo de 2011

Uno de los nombres del engaño es "expertos"

"Los hechos sobre gran parte de la vida política, social y financiera de Japón se esconden tan bien que la verdad es casi imposible de conocer". (Alex Kerr, Dogs and demons).

¿Somos insensibles a lo que ocurre en Japón? Si se recorren los diales de la radio o los canales de la TDT en hora punta se diría que lo que está ocurriendo en Japón es una cosa que no nos afecta emocionalmente, tampoco materialmente. No hay informativos o debates especiales, como mucho opiniones mal sustentadas en el Canal 24H. En las tertulias escoradas a la derecha, más de lo mismo: ZP, el 11-M y los ERE andaluces, y cuando hablan de Japón es para darse por ofendidos por abrir el debate nuclear. Incluso hay quien alerta de que el desastre está en otra parte, como si estuviese describiendo una cosa distinta. Como en Japón.
Decir la verdad en muchos contextos resulta descortés, y los propios nipones aprenden y desarrollan desde pequeños su tatemae (pensamientos que se expresan en público y que no deben ofender a los demás) y honne (lo que se piensa de verdad, y que solo se emplea con gente muy cercana). Un ejemplo claro de uso del tatemae es que un "lo pensaremos..." en el ámbito de los negocios nipones significa en realidad "No insista, no nos interesa". El tatemae se ha empleado gustosamente en el último siglo y medio para proteger a las élites políticas y empresariales y mantener en la inopia al pueblo japonés. Entre los años treinta y sesenta la administración permitió y encubrió los vertidos masivos de metilmercurio de la compañía química Chisso en la bahía de Minamata. Estos acabaron matando a más de 1.500 personas y causaron daños neurológicos irreversibles a más de 500. Las empresas que gestionan centrales nucleares también han seguido este patrón en las últimas décadas; Tepco [la dueña de los reactores de Fukushima], Hokuriku Electric o Chugoku Electric Power han facilitado cientos de informes técnicos falsos y han ocultado deliberadamente accidentes y situaciones de emergencia en las plantas. El que aún existan los llamados clubes de prensa -círculos de periodistas y políticos donde prima el amiguismo y se restringe el acceso a informaciones oficiales a terceros, incluidos medios extranjeros- y de que los tres grandes periódicos publiquen a diario prácticamente las mismas noticias, muchas provenientes de estos clubes, hacen dudar del todo el entramado político e informativo nipón.

Nosotros no tenemos el tatemae, pero tenemos expertos. Uno de los nombres de la mentira es "expertos". Que nos fiemos de ellos dicen, como de los políticos. Unos y otros cumplen una función parecida a la de los curas en el pasado, había que creerles cuando nos hablaban de Dios y sus extensiones. Cómo no fiarnos de la seguridad de las centrales nucleares, si las asegura la Ciencia. Pero ha llegado el momento de no fiarse de nadie, cada cual ha de fundamentar su propia opinión. Nos dicen: es un caso singular, los afectados son un porcentaje ínfimo. Aplican el mismo argumento numérico a los "intrusos" de los ERE, a los políticos corruptos, a las grandes fortunas que no pagan impuestos, a los estratosféricos bonus de los grandes ejecutivos. Los jueces pierden el tiempo dedicándose a los juicios penales: el porcentaje de homicidas y asesinos es insignificante. El argumento estadístico nos lleva al conformismo y a la parálisis.


Hay que volver a leer y escuchar a los expertos de estos días: la contaminación es baja, la información puntual y veraz, el núcleo no se puede fundir, el edificio del reactor resistirá, la estructura de contención no se puede resquebrajar; nada comparable a Chernóbil. Y sin embargo, los expertos.

Tenía la esperanza de que la crisis económica que estamos viviendo haría que nos replanteásemos las cosas. No sólo la cuestión de la energía. Otras más importantes: nuestro modo de vida y la democracia. Por ejemplo los coches: un trasto viejo, caro, feo -Marinetti no está de moda, escribamos pestes de la formula uno-, contaminador, ruidoso, que hace invivibles las ciudades y en consecuencia la forma de vivir moderna. Hay que acabar con los coches, como casi hemos acabado con el tabaco. Y la democracia: pensaba que los ciudadanos tomaríamos la vida en común en nuestras propias manos. No ha sido así. Y a los libios les hemos dejado a solas con las bombas de Gadafi.

Tenemos que cambiar de vida, de sistema económico y político, tenemos que reinstaurar el ostracismo griego, las magistraturas deben ser ejercidas por tiempos muy breves, las decisiones importantes debemos tomarlas entre todos. Necesitamos un gran proyecto de sustitución del coche por transporte público, regulación estricta de la iluminación, calefacción, aire acondicionado, red de distribución del agua, gas y electricidad. La energía ya no será un problema tan acuciante. No vamos a vivir peor, vamos a vivir mejor: se va azuzar la investigación en esas áreas. La tecnología es la promesa de una nueva edad clásica. Podemos vivir sin Dios, sin rey, sin tabaco, sin patria, quién nos lo iba a decir. Podemos vivir sin coches, sin clase política, sin TDT.
Es preciso decir la verdad. Si la política es el arte de la mentira para la conquista del poder, es preciso rechazar la política.

martes 15 de marzo de 2011

La cuarta oleada democratizadora


El sociólogo Enrique Gil Calvo escribe sobre las "olas democratizadoras" que han sacudido el siglo XX, atendiendo a una terminología del politólogo Samuel Huntington, en su La tercera ola (1994), que a su vez oía los ecos de las historiográficas oleadas revolucionarias del XIX (1820, 1830 y 1848). Gil Calvo busca una genealogía a lo que sucede estos días en el mundo árabe.

Así la Primera ola habría ocurrido con la instauración de las democracias liberales primitivas, entre 1828 y 1926, interrumpida por la primera contraola del fascismo de entreguerras, de 1922 a 1942.
La Segunda ola sería la impulsada por el triunfo de los aliados en la II Guerra Mundial, entre 1943 y 1962, a la que siguió la segunda contraola de revoluciones tercermundistas y contrarrevoluciones golpistas de 1958 a 1975.
Y la tercera ola democratizadora sería la propagada por las transiciones que se produjeron en el sur de Europa, en América Latina y en el este de Europa entre 1974 y 1989, que se quebró por la tercera contraola iniciada en la plaza de Tiananmen y proseguida por las guerras balcánicas.
Ahora con procesos revolucionarios "claramente prodemocráticos", primero Túnez, después Egipto y ahora Libia estaríamos asistiendo a una cuarta ola con la caída de sus respectivos regímenes dictatoriales.

Yo lo veo de otro modo. Me parece útil esa secuencación de la historia política moderna en oleadas democratizadoras, pero para mi los momentos y su significado son diferentes.
La primera oleada, la de las revoluciones inglesa, americana y francesa (1688-1789) es la que acabó con el antiguo régimen, anunciando el triunfo del liberalismo; la segunda, la revolución liberal, es la que extendió por Europa las constituciones y el ejercicio del sufragio censitario, a lo largo del XIX, periodo de dominio de la gran burguesía que hizo un Estado a su medida; la tercera, en el primer tercio del siglo XX, extendió el sufragio, primero masculino y luego femenino, e introdujo elementos sociales en las constituciones, dando forma al estado de bienestar.

Haría falta, desde mi punto de vista, claro está, una cuarta oleada democratizadora, aquella que introdujese la participación directa de los ciudadanos en la toma de decisiones, al modo de la democracia griega. No debemos conformarnos con la democracia ritualizada del sufragio, debemos exigir una participación directa en los asuntos de la vida política corriente: debate y propuestas, aprobación de leyes, presupuesto, reprobación de políticos -ostracismo. Ya no vale la excusa de que somos muchos y una asamblea es inmanejable. Tenemos los medios para poder hacerlo -todo el mundo tiene una terminal conectada a Internet en su casa- y está quedando en evidencia en estos últimos tiempos que no podemos ser más ineptos que la clase política que tiene secuestrado el poder como si fuese su patrimonio. Tampoco vale el espantajo de la demagogia: nunca antes hemos tenido acceso a tantas fuentes de información, a opiniones tan diversas y tanta distancia al sobaco de los políticos marrulleros. Al contrario, son los políticos profesionales los que confunden el bien público con su interés particular.

lunes 14 de marzo de 2011

Más allá de la vida

Qué flojita la historia que Clint Eastwood cuenta en su última película. Ni suspendiendo la incredulidad ante el tema que enlaza las tres historias que cuenta y que da título a la peli, Más allá de la vida, funciona. El tema de qué es lo que sucede al morir, lo que cuentan los que han pasado por la experiencia de estar clínicamente muertos y haber vuelto a la vida, es de nuevo aquí un mcguffin, una excusa para montar el relato; no parece que al director le interese mucho, no se esfuerza en avalar semejante hipótesis, tan sólo lo utiliza para enhebrar las tres historias, la de una periodista francesa que vivió una experiencia de ese tipo cuando el tsunami de Indonesia, en 2004, la arrastró bajo la furia de las aguas, la de un muchacho que pierde a su hermano gemelo en un accidente, en Londres, y la de un psíquico (Matt Damon), americano, una de esas personas que tiene el don de comunicarse con los muertos, que quiere liberarse de la pesada carga que es el don.

Por tanto el tema no interesa mucho, como no sea a los creyentes en historias fantásticas, el resto es relato y aquí es donde, desde mi punto de vista, Eastwood flojea. A pesar de la referencia continua a Dickens, autor que apasiona al psíquico, con lo que Eastwood parece querer decirnos que es la construcción del relato lo que le interesa, la película dista mucho de ser redonda, a la manera de El Gran Torino o Million Dollar Baby. Es una peli formalmente correcta, clásica dicen los críticos, pero le falta pasión al no implicarse en ella y un guión más interesante. Sólo atrapa la secuencia inicial, la del tsunami, bien rodada, apasionante. Después, no suceden grandes cosas y la espera para ver cómo confluyen las tres historias no se ve recompensada; al final no sucede nada y lo que sucede en banal, intrascendente. A Clint Eastwood le están fallando los temas, aunque siga manteniendo la sabiduría técnica del gran clásico que ha llegado a ser.

domingo 13 de marzo de 2011

Una radio que no informa

Escucho por la mañana la radio pública. El programa magazin de fin de semana, bien alimentado por las arcas públicas, con muchos colaboradores, estilo buen rollito, todos encantadores. Hablan de Japón como un renglón más de la información. Tienen una sección con un periodista científico de renombre. Las noticias han alarmado con las fugas radiactivas en las centrales. Pues bien, ni un sólo comentario por parte de la que lleva el programa, tampoco por el periodista científico. Cómo es posible. Todo el mundo angustiado por los fallos en la refrigeración, la fuga radiactiva, las posibles explosiones, la posible fundición del núcleo de los reactores. El asunto del día, del año, no sé si de la década, lo tienen ante sus narices, el mundo alarmado y no hablan de ello. ¿Para qué subvencionamos a tanta gente? En fin, mientras tengamos el fútbol.

Las imágenes del desastre.

La tele japonesa en directo.

Enlaces interesantes.

viernes 11 de marzo de 2011

La luz es más antigua que el amor

La felicidad se escurre entre los dedos. Cuando se es más intensamente feliz la naturaleza viene con su dalle para dar un golpe de muerte. La naturaleza te recuerda que eres mortal y que los momentos felices son fugaces y evanescentes. ¿Y la belleza? ¿Podemos refugiarnos o consolarnos en ella? La literatura se recrea a menudo en la enfermedad y en la muerte y las rodea de romanticismo. El lector que no está atravesado por ellas puede obtener placer de su contemplación lejana o metafísica. Es uno de los muchos ropajes con que el arte falso ha abrigado la oscuridad. ¿Podemos asirnos a la belleza para engañar al dolor o para mitigarlo sin caer en el brillo de la mentira?

Un escritor cree haber alcanzado la madurez y, transido de felicidad, escribe una historia deslumbrante: concisa, directa a la inteligencia del lector que siempre espera ser sorprendido. De pronto, los día felices que eran el huerto de donde brotaba la creación, se interrumpen abruptamente, la mujer a la que ama muere. El proyecto que tiene entre manos, cómo la belleza en determinadas circunstancias se impone a quienes la quieren someter a su designio religioso, político o mercantil para conducirla por el camino de la utilidad, ha de reconducirse. El escritor ya no es el mismo. La belleza no es una planta protegida en un invernadero, está determinada por las circunstancias de la vida del creador. En La luz es más antigua que el amor, su autor, Ricardo Menéndez Salmón, escribe tres historias sobre tres pintores, uno real y dos inventados, capaces de concebir obras que no deben nada a nadie, sólo a su manera virginal de ver el mundo. En la primera, Adriano de Robertis, en 1350, pinta una Virgen Barbuda. El pintor se verá por ello desterrado a un lazareto veneciano por el joven Pierre Roger de Beaufort, futuro papa Gregorio XI, que ordena que la pintura sea destruida; en la segunda, Mark Rothko, tras haber renunciado a un jugoso contrato, pinta la Houston Chapel y después se corta las venas en su estudio de Nueva York; en la tercera, el 11 de septiembre de 2001, el pintor ruso Vsévolod Semiasin redacta una carta dónde explica por qué después de haber pintado un cuadro sorprendente, Contribución al arte del reconocimiento, donde utiliza un cadáver para describir la batalla de Stalingrado, que él mismo ha vivido, deja de pintar y se dedica a decorar el paisaje de la Rusia de Stalin. Las tres historias están entrelazadas, con ecos y repeticiones de una en otras. Entre historia e historia el autor describe cómo la fría naturaleza le ha despojado de la felicidad.

La primera historia alcanza una altura que era difícil mantener en el resto de las páginas. La inteligencia aplicada a la creación literaria en estado puro. Cómo es posible que yo no conociese a este autor, me digo mientras voy leyendo. Me sonaba vagamente su nombre, pero no lo había leído. Se publican tantos libros que es difícil saber cuáles son los buenos. Menéndez Salmón es un autor moderno, que no escribe para agradar o quizá no simplemente por eso. Hay muchos ecos en el libro de otros autores, de Borges, en su conceptismo; de Michon, en sus historias de pintores; de Bolaño, en sus variaciones sobre un tema. Quizá le falte un grado más de liberación para ser un maestro, que es aquel que encuentra su voz con independencia, quizá tenga que desaparecer del todo, como autor, como discípulo, detrás de su escritura, la cosas más difícil para un artista.

jueves 10 de marzo de 2011

Realismo


Hay hipocresía o juego al despiste o voluntad de engaño en la forma de presentar el asunto libio en la prensa y los medios, en la que yo mismo he caído, pues no se trata de responsabilidad moral o de justicia o de la libertad del pueblo, sino de voluntad de poder y de interés. ¿Quién manda, quién tiene las de ganar, hacia dónde se está inclinando la balanza se preguntan en los gabinetes de crisis de las potencias, hacia Gadafi o hacia sus opositores?, porque si se juegan mal las cartas se perderán suculentos contratos de pozos petrolíferos o se llegará tarde para firmar los nuevos o no se tendrá ocasión de firmarlos por haber apoyado al bando equivocado. Como saben los historiadores y los políticos listos así ha sido en la historia, no se impone la fuerza del necesitado de justicia, sino la fuerza del fuerte. Y la tardanza de EE UU y de Europa en tomar decisiones, y el astuto quedarse a resguardo de Rusia y China, no se debe a inmovilidad y desconcierto, sino a frío análisis, y a veces el hacer consiste en hacer ver que algo se hace aunque no se haga nada. Algunos países obedeciendo al cálculo de beneficios que da el ser primero reconocen a los rebeldes, otros optan por mostrar sus acorazados dientes y esperar la oportunidad y hasta se juega a dos bandas. No por ello se dejan de hacer discursos, como siempre se han hecho, en los que mostrar que no sólo la razón, sino la moral está de nuestra parte y que cualquiera que sea nuestra decisión siempre será justa y superior a la de nuestros enemigos que por serlo siempre son torpes y sucios, violentos y tontos.

Así lo vio uno de los padres de la historia, Tucídides, que el realismo y no el idealismo es el que se impone en las disputas, la fuerza del fuerte sobre las razones morales del débil, en el asedio a que los atenienses sometieron a los melios en las Guerras del Peloponeso. Al argumento de los melios de que todos los hombres tienen interés en ser asistidos por unos derechos razonables, y que puede que un día los propios atenienses se encuentren bajo el poder de otros, les responden estos que
"vosotros habéis aprendido, igual que lo sabemos nosotros, que en las cuestiones humanas las razones del derecho intervienen cuando se parte de una igualdad de fuerzas, mientras que, en caso contrario, los más fuertes determinan lo posible y los débiles lo aceptan".
Y si los melios para rechazar la rendición que les exigen los atenienses arguyen que la fortuna no puede serles esquiva porque los dioses saben distinguir entre lo bueno y lo malo, los atenienses responden que,
"siempre por una imperiosa ley de la naturaleza, cuando se es más fuerte se tiene el mando. Y no somos nosotros quienes hemos instituido esta ley ni fuimos los primeros en aplicarla una vez establecida, sino que la recibimos cuando ya existía y la dejaremos en vigor para siempre, habiéndonos limitado a aplicarla, convencidos de que tanto vosotros como cualquier otro pueblo haríais lo mismo de encontraros en la misma situación de poder que nosotros".
Por eso los débiles en este asunto de Libia, hablan de honor, de justicia y derecho, y hasta de dioses, y tratan de conmover a la opinión pública hablando de masacres y hasta de genocidio, aunque esas imágenes no se hayan visto todavía, y los fuertes, Gadafi, pero también la OTAN y EE UU, utilizan o muestran la fuerza de su armamento como argumento definitivo, pues en lo tocante al mundo de los dioses todo es mera opinión, y fundar la ilusión en el honor es un orgullo que conduce a la ruina.

miércoles 9 de marzo de 2011

Vivir en ciudad


Los habitantes de las grandes ciudades, pongamos Madrid y Barcelona y sus áreas metropolitanas, aunque también Bilbao, Valencia o Sevilla, tienen un sobresueldo si se les compara con el resto de pobladores del país. Es un sobresueldo real, no imaginario. Un salario social que se añade a su nómina mensual. Una extensa red asistencial, una enorme oferta educativa en varias lenguas y sistemas, un transporte público ágil, eficiente en general, con gran oferta horaria y territorial, por poner unos pocos ejemplos y sin contar las posibilidades de ocio, de acceso cultural o social o las mejores ofertas de trabajo. Ese sobresueldo está subvencionado por el total de la población que en general no se beneficia. La capitalidad, nacional o regional, la presión poblacional, la queja diferencial son alguna de las razones que explican ese privilegio que castiga a los que ya perciben rentas más bajas por el hecho de vivir en provincias.

Por eso sorprende la queja de aquellos que aún quieren más, como este economista para quien, forzando argumentos y falseando la realidad, todo es cuestión de Madrid y Barcelona, de Barcelona por debajo de Madrid. Le parece poco lo invertido en Barcelona y la vertebración del territorio no ha de ser cosa de designios políticos, ha de ser cosa del mercado, excepto, claro está, cuando hablamos de Cataluña y Barcelona. Los capitalinos de Barcelona y Madrid, de Sevilla y Bilbao, no piensan en el sobresueldo de que gozan, para ellos es cosa natural y es cosa de pueblerinos quejarse por vivir como pueblerinos.

Tiene razón Muñoz Molina todos deberíamos vivir en ciudad:
Qué invento asombroso, la ciudad. La ciudad grande, la ciudad viva, la ciudad en la que buscan y encuentran trabajo los emigrantes pobres y asilo los fugitivos, la ciudad en la que uno disfruta tan plenamente de la soledad como de la compañía, a la que sueñan con irse los sometidos al tedio y a la extenuación del trabajo campesino, los que desean aprender y ejercer oficios fantasiosos, en la que podrán escapar de la vigilancia escrutadora de sus semejantes los que mantienen oculta su diferencia; la ciudad ciudad, donde a cualquier hora del día y a veces de la noche hay gente por la calle y locales abiertos; o en la que un sistema eficiente de transporte público permite viajar hasta sus últimos confines en líneas de autobuses o en redes de metro en las que nunca falta el misterio del encuentro con los desconocidos, el del viaje por laberintos de corredores y escaleras. 
Vivir en una gran ciudad es un privilegio que deberían pagar sus habitantes no los que viven peor que ellos.

martes 8 de marzo de 2011

20 % de descuento

Mal debe estar la venta de libros cuando en las librerías de viejo ponen, en gran cartel a la puerta, 20% de descuento sobre libros ya muy rebajados. La oferta sigue siendo abundante, pero se ven muchos recientes que ya estaban ahí en visitas anteriores. A las librerías de viejo iban los fetichistas de los libros y si hasta estos fallan, mal negocio. Veo muchos que me interesan, entre otros el 1Q84 de Murakami o la biografía de Felipe II de Parker. Pienso en el precio, aún muy alto a pesar de la rebaja, y en el tamaño. Ya no me queda espacio en casa para libros gordos. En un ereader no abultarán nada y además serán más baratos, aunque a día a día voy posponiendo la compra del Kindle; me echa atrás la continua evolución, la obsolescencia de cualquier cacharro. Me imagino, como gran ventaja, ojear a toda pastilla en el aparato electrónico, dando salida a todos esos libros que me interesan pero que no encuentro tiempo para leer. Ahorro de tiempo, mayor conocimiento, mayor diversión. Los escritores tendrán que ponerse las pilas para retener la atención. Las novelas, los ensayos, tendrán que organizarse de otro modo; el sendero de los pequeños signos que avanza por renglones simétricos parece cosa del pasado. Me imagino libros de autoría colectiva, con muchos especialistas trabajando el mismo tema, enviando al lector de un lado para otro como en la Rayuela de Cortázar. Así que me conformo con la biografía de Truman Capote del 2006.

En la Bertrand de la Rambla de Cataluña, entrando a la izquierda veo dos pilas de la novela de Jordi. Me alegro por él, al fin lo ha conseguido. Aunque ha permitido que le cambien el nombre: Jorge Navarro: Las cinco muertes del barón airado, con Castelldefels como protagonista de esta novela histórico policíaca.

lunes 7 de marzo de 2011

Pintura y fotografía


Dice Miquel Barceló:
Cuando vas al Prado nunca piensas: esta gente está muerta. En cambio, como dice Susan Sontag, ante una fotografía es imposible no pensar en que el retratado está muerto, o que lo estará.
En el diario de la competencia se publican fotos que se dicen nuevas sobre la matanza del 11 de septiembre, aunque yo creo haberlas visto hace tiempo en esos correos que inundan nuestras cuentas. Son fotografías hermosas, pero cuesta oler la muerte debajo de su estampa; no se ven las personas destrozadas, los cadáveres visibles, bajo el humo, pero están ahí.

También dice otras cosas importantes Barceló, cosas que tienen que ver con la pintura, pero que a la fotografía le trae al pairo:
El tiempo también pinta, decía Goya. Intento pensar cómo serán los cuadros dentro de 10, 100 o 1.000 años. Me gusta la idea geológica de la pintura.
El tiempo forma parte de la obra. Yo huyo de los restauradores. Hay que restaurar las cosas que se han añadido independientemente de la voluntad del artista. Durante un tiempo se puso de moda limpiar los cuadros y quitarles los barnices, y terminaron quitándoles las veladuras del pintor. Dejaron secos los murillos. ¿Quién sabe dónde acaba la suciedad y empieza la veladura?

Por eso cuando veo estas pinturas, que también me llegan a la cuenta, que se agarran a la copia exacta de la fotografía, me dejan frío como un témpano. Están muertas. Son pinturas que nacen con la restauración incorporada. ¿Cómo puede un pintor imitar a la fotografía en vez de atrapar la realidad que se está yendo? Para cada uno de nosotros se está yendo.

P.S. Era un hoax. Resulta que hay dos Anna Kostenko y las dos son ucranianas. Una es pintora y la otra fotógrafa y las que pasaban por ser pinturas hiperrealistas eran fotografías.

sábado 5 de marzo de 2011

Winter's Bone

Sólo en los últimos minutos del metraje la película sale de la oscura palidez invernal en que está filmada para mostrar un poco de color, tampoco mucho, rojos, azules y verdes mortecinos, gracias a la leve esperanza con que la joven protagonista puede encarar la vida que sigue. Ree, la chica protagonista de 17 años, tiene un grave asunto entre manos. Al cuidado de dos hermanos pequeños y de una madre enferma, al borde de la miseria, en la que no cae del todo gracias a la ayuda de unos vecinos casi tan pobres como ella, ha de encontrar a su padre, buscado por la policía, porque si no lo encuentra perderá la casa donde viven, entregada como prenda de la libertad condicional de aquel. Con Ree, vamos adentrándonos en un paisaje rural de desechos sociales, casas destartaladas, familias de extrañas fidelidades y personajes violentos y agrestes cuya consigna es no decir nada y permanecer en una grisura opaca. Ree (Jennifer Lawrence), a pesar de formar parte del paisaje, es recibida como una extraña y alertada de que recibirá lo suyo si se mete donde no debe. Pero ella está dispuesta, acometida por la responsabilidad, a arrostrar las amenazas y la violencia. Uno detrás de otro irá topando con hombres huraños y mujeres ariscas, y muy pocos amables, hozando en la basura, indagando por el lugar donde pueda estar su padre.

La película dirigida por una mujer, Debra Granik, es extraña, novedosa en la manera de presentar a sus personajes, en la manera de tratar a las mujeres, cuya conducta no se disculpa como ocurre en las películas hechas por hombres, iguales en todo a ellos. Pero también formalmente, en el tratamiento de la música, del guión, del decorado, reducidos a lo esencial, despojados de retórica. No se nos anticipa de qué va la cosa o lo que sucederá, todo son preguntas, lo que añade verdad a lo que vamos viendo. En eso se parece a la también reciente Monsters. Una película desaliñada, donde los actores no están escogidos por su guapura, donde la exhibición de lo sentimental está reducida al mínimo. Una película pequeña en la producción pero grande en su concepción, creativa, abierta al significado. Como era de esperar, con varias candidaturas a los óscar, no ha conseguido ninguna, lo que la hace más grande. Dentro de un tiempo todo el mundo se habrá olvidado de la insípida El discurso del rey, pero Winter´s Bone o La red Social serán asociadas a 2010.

jueves 3 de marzo de 2011

Edgar Allan Poe y el misterio de la bella cigarrera

Podría ser disculpable por la vida perra que le tocó en suerte: huérfano muy pronto, fue adoptado por una familia rica que le tuvo a raya y que no le permitió ni una; empeñado en vivir de su pluma, y consciente de su genialidad, no se conformó con el papel de segundo que le ofrecían en las revistas, trabajo que tenía que aceptar para sobrevivir y mantener a su familia, compuesta por una tía y su jovencísima prima y esposa Virginia Clemm; le reconocieron su maestría literaria, pero eso no significó una traducción en dinero; Virginia enfermó de tuberculosis, malvivieron en casas y habitaciones que apenas podían pagar, en medio del hambre y el frío; Virginia murió a los 24 años, él poco después, a los 40.

No parece disculpable, digo, que para llegar directo a la fama Edgar Allan Poe no tuviese inconveniente en inventarse historias llamativas haciéndolas pasar por sucesos reales, en los periódicos en los que trabajaba. La realidad era un material moldeable por la imaginación. Por ejemplo, el 13 de abril de 1844, una multitud se congregó a la puerta del Sun neoyorkino a la espera de novedades. Poe había anunciado una extraordinaria hazaña: "¡Sorprendente información de Charleston, via Norfolk!. ¡Cruzan el océano Atlántico en sólo tres días!". El periódico informaba que un grupo de valientes había logrado viajar a bordo de un globo de aire caliente desde Dover, Inglaterra, hasta la isla de Sullivan, en Carolina del Sur. El récord anterior era de veinte kilómetros. Por supuesto, la noticia era falsa. La invención no fue muy beneficiosa, los vendedores de periódicos se llenaron los bolsillos, pero Poe no vió ni un centavo.
Algo parecido ocurrió con lo que contaba en La narración de Arthur Gordon Pym, una peligrosa expedición al Polo, que el autor presenta como real. Para ello difumina la línea que separa la realidad de la ficción, retira su nombre de la portada, atribuyéndolo a A.G. Pym y para darle más verosimilitud lo tituló de esta guisa:
«La Narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket, que comprende los detalles del motín y atroz carnicería ocurridos a bordo del bergantín Grampus, en su travesía a los Mares del Sur en el mes de junio de 1827. Con una narración del rescate del barco por obra de los supervivientes; su naufragio y consecuentes padecimientos a causa del hambre; su liberación por parte de la goleta británica Jane Guy; el breve crucero de dicha nave por el océano Atlántico; su captura y la masacre de su tripulación cerca de unas islas en el paralelo 84 de latitud sur, además de las increíbles aventuras y descubrimientos más al sur que ocasionó tan terrible calamidad.»
Poe reforzó el engaño con falsos extractos de periódico, entradas de cuaderno de bitácora y con inscripciones jeroglíficas. Los lectores lo dieron por cierto y se publicaron fragmentos de la novela como si fuesen noticia.

Pero Poe se atrevió a más. En Los asesinatos de la rue Morgue Poe había utilizado a Auguste Dupin y su capacidad de "raciocinación" para resolver crímenes que la policía no podía desentrañar. El personaje volvería a aparecer en La carta robada y se convertiría en el modelo de los detectives privados que tanto éxito tendrían en la literatura posterior. Poe con una fe ciega en su capacidad analítica fue muy lejos. El 28 de julio de 1841, el cuerpo Mary Rogers, una bella vendedora de cigarros de Manhattan, apareció flotando en el Río Hudson. El caso se hizo famoso, la prensa de Nueva York lo bandeó: la cigarrera era muy popular, los periodistas olían el negocio del sensacionalismo y los guardianes de la moral exigían leyes antivicio, pero forenses, policías y jueces eran incapaces de resolverlo. Poe, más necesitado que nunca de éxito y dinero, lo entregó a su detective Dupin confiando en que su capacidad analítica se adelantase a los encargados de su resolución. Escribió un relato paralelo ambientado en París, El misterio de Marie Rogêt. Dispuesto en tres partes para ser publicado en la revista Ladies' Companion, la realidad le hizo una mala pasada. Antes de que apareciese la tercera entrega surgieron nuevas revelaciones que desacreditaban el infalible método de Poe/Dupin. Mary Rogers pudo haber muerto como consecuencia de un aborto en una casa de mala reputación, en vez, de como proponía Dupin, a manos de un marinero. No se arredró Poe, con habilidad hizo los cambios necesarios en esa tercera parte para disimular sus errores y aparecer como que acertaba en lo esencial.


Todo esto lo cuenta Daniel Stashower en Edgar Alan Poe y el misterio de la bella cigarrera, la investigación de la atroz muerte de Mary Rogers. El autor va alternando la historia de la bella cigarrera, su muerte, el juego de la prensa sensacionalista, los intentos de resolución del caso y la vida de Edgar Allan Poe, tan ansioso de fama como incapaz de someterse a una vida ordenada; su triste vida familiar, sus trabajos en la prensa, su frustrante carrera literaria, su entrega al alcohol. Stashower, autor de novelas policiacas él mismo, colaborador en prensa y escritor de biografías escribe un libro apasionante, gracias a las técnicas que ha ido aprendiendo en los diversos géneros que ha cultivado; admira la sabiduría literaria de Poe, pero le echa en cara sus tretas para acomodar sin escrúpulos la realidad a la ficción.

Poe hizo todo lo posible para que la posterioridad lo tratase con desdén o con desprecio. Del mismo modo que él manipuló o se inventó la realidad, sus primeros biógrafos deformaron su biografía, inventando historias sobre él que, paradójicamete, sirvieron para ensalzarlo entre los cultivadores, especialmente franceses, del maditismo y por donde comenzó a ser aclamado como gran autor de la literatura universal.

miércoles 2 de marzo de 2011

¡Fumar es de rebeldes!


Los paladines de la libertad han convertido la pelea contra la ley antitabaco en su gran causa. Los fumadores serían una especie de pueblo oprimido en busca de su liberación. A comienzos de los 80 asistí a una charla de Manuel Sacristán en la facultad de periodismo de Bellaterra. En el aula alargada, atiborrada de estudiantes revolucionarios, no cabía una calada más. Una nube alquitranada, oscura y apestosa, sobrevolaba las cabezas. De mitad de la sala para atrás era imposible distinguir al filósofo y a la corte que lo acompañaba. Entre carraspeos, toses y una tímida sonrisa sugirió que, quizá, en aquellas circunstancias, apagar el cigarrillo sería un acto revolucionario. Muy pocos se acogieron a semejante transgresión. En el espíritu de la época fumar formaba parte de la rebelión contra la autoridad. No recuerdo lo que Sacristán vino a contarnos, su voz quejosa apenas podía traspasar la espesa nube.

Ahora, aunque la protesta viene de todos los bandos, son los que se dicen liberales, para ocultar un avergonzado conservadurismo, los que más echan en cara a Zapatero su política liberticida. Hasta se organizan manifestaciones y cierre de bares y restaurantes, con nulo éxito, por cierto, hasta donde mi vista alcanza, para pedir la revocación de la ley. ¡Fumar es de rebeldes!

Ni en aquella época ni en esta, sin embargo, se piensa en los no fumadores, que somos la mayoría y que por fin, podemos alternar en bares, cafeterías y restaurantes sin estar tosiendo, carraspeando o frotándonos los ojos. Sin hablar de los enfermos crónicos del aparato respiratorio. Es mentira que los que están contra la ley defiendan la libertad, ni entonces era revolucionario fumar -o dejar de hacerlo- ni ahora los fumadores son unos rebeldes. Nadie les impide seguir fumando, tan sólo que nos echen el humo a la cara. Este es el mandamiento: Fuma donde no molestes ni contamines al prójimo.

martes 1 de marzo de 2011

Trish Keenan y Broadcast

Es un misterio saber a la edad que murió Trish Keenan, la cantante del dúo Broadcast, grupo que comenzó como cuarteto, ¿35?, ¿42? No concedía entrevistas, pero se sabe que participó en muy pocos discos, cinco, y que murió de una cosa tan tonta como una gripe.

Su sonido de ascendencia electrónica y toques de los sesenta es oscuro, distorsionado, futurista, de ciencia ficción. Aunque no tenía éxito de ventas, muchos seguín su trayectoria. Sólo su último trabajo, Broadcast and The Focus Group Investigate Witch Cults of the Radio Age, fue reconocido.
"La voz de Trish Keenan era espectral y hermosa. Sus letras, un ideal moderno. Tenemos una deuda deuda con Trish y su banda. Ella inyectó inteligencia, magia y color en tiempos musicales adustos. Enriqueció e influenció gustos y catalizó ideas" (Daniel Hunt, de la banda de pop electrónico Ladytron).
Me gusta el vídeo de Tender Buttons además de la canción.
.